02 abril 2014

INTUITIVE

The Human Map. Part V.


◊MANIFESTO◊


A  n  t  o  n  i      S  e  n  d  r  a
▓ BULLETPROOF THOUGHTS ▓




» Excerpt from John Wilson interview with Joe Strummer (The Clash), 22nd September 1999. Video by Antoni Sendra





» We Cut Corners - Best Friend, 2014.
Video by Kijek and Adamski



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27 febrero 2014

Paco de Lucía (1947-2014)



Paco-de-Lucia-2014


¿Sería exagerado situar artísticamente a Paco de Lucía junto a Federico García Lorca y a Pablo Picasso? Personalmente creo que no. Y con el tiempo, a medida que su legado se consolide, aún menos.


Anda jaleo (Federico García Lorca) - Versión de Pedro Iturralde y Paco de Lucía, editada en "Jazz Flamenco" MPS Basf. 1967


Canción original:
En 1931, Federico García Lorca al piano y Encarnación López "La Argentinita", voz, grabaron cinco discos gramofónicos de pizarra de 25 cm. y 78 r.p.m. con una canción en cada cara, entre ellas Anda jaleo. Posteriormente fueron publicadas por el sello discográfico La Voz de su Amo.



Aunque si tuviera que elegir sólo un tema sería el poco nombrado Caña de Azúcar, perteneciente a su espléndido trabajo Siroco con el que Paco de Lucía revolucionó el flamenco allá por el año 1987.

Recuerdo el día que mi hermano pequeño llegó con aquel vinilo a casa, lo plantamos en el tocadiscos y no nos podíamos creer lo que estábamos escuchando. Desde entonces, Caña de azúcar le ha puesto un fondo de color o un punto de reflexión a muchos paisajes personales en mi vida.


Paco de Lucía - Caña de azúcar (Siroco, 1987)


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31 diciembre 2013

Mis mejores deseos para el 2014!

Best Wishes for 2014!

Para lo que resta de este año esfénico (y cabrito) no queda otra que ambicionar que el nuevo año entrante sea al menos tan chispeante y redondo como los círculos de fuego trazados al aire por la hermosa Beau Rocks.



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13 diciembre 2013

Trabajo, corrupción y los Nuevos Aristócratas.

Por Joe Palmer.


El invento más revolucionario de la humanidad no fue la elaboración de utensilios, ni la cerámica, ni siquiera la agricultura. Fue el trabajo. Hasta entonces, los humanos o cazaban o padecían hambre y si tenían la barriga llena, se quedaban en casa. Luego algún listillo, posiblemente el primer político, decidió que él ya no cazaría (a no ser que fuese por placer) ni cultivaría verduras (eso ni por placer) sino que obligaría a que otro lo hiciera por él. ¡Había inventado el trabajo! Había inventado la explotación de un ser humano por otro. En vez de cazar personas y comérselas, era mucho más eficiente ponerlas a trabajar. Desde ese día, la actividad humana se ha centrado en la creación de nuevos sistemas, cada vez más eficientes, para lograr tal fin: el sistema tribal, el feudalismo, la monarquía, el capitalismo y el comunismo entre tantos otros.

Sin duda, el lector discrepará argumentando que el trabajo no es necesariamente “explotación” sino “cooperación” e incluso “especialización”: el medio que permite a una sociedad satisfacer las necesidades de sus miembros y progresar tanto socialmente como material, técnico y artísticamente. Desgraciadamente, la historia no confirma tales aseveraciones, por lo menos totalmente: los cazadores-recolectores necesitaban (y necesitan) menos tiempo y menos energía para la obtención de sus alimentos y la satisfacción de sus necesidades que lo que necesita el oficinista medio de hoy en día. Los grandes artistas que decoraban las paredes de las cuevas de Lascaux hace treinta mil años no eran especialistas venerados expuestos en el Tate y cuando muertos usados (sus obras) como refugio de capitales de dudosa proveniencia. No. Nos han tomado el pelo. El trabajo no nos ennoblece ni nos proporciona libertad, como han querido hacernos creer. Cumple esa función para aquellos pocos elegidos que precisamente no trabajan. Y así ha sido durante varios milenios: a la gente se nos ha obligado, mediante la fuerza o el engaño, a producir un excedente a cambio del dudoso privilegio de pertenecer a una compleja sociedad estratificada en la cual hemos mantenido en la opulencia y ostentación a una aristocracia y en menor medida a unas fuerzas armadas, además de un sistema jurídico y una hueste de administradores cuya tarea nunca ha sido otra que la de defender los intereses de esa aristocracia.

No pretendo decir que no necesitamos líderes, científicos, docentes, banqueros, artistas, jueces y administradores: si pretendemos vivir como humanos gregarios, sí que los necesitamos. Sólo quiero poner los puntos sobre las íes.

La tecnología es un indicador bastante acertado en cuanto al grado de “progreso” de una sociedad, ya que da una idea de la subordinación del individuo frente al sistema. Un ejemplo: cuando yo era un chaval, los gitanos venían de casa en casa vendiendo las pinzas para la ropa que elaboraban. Eran trozos de ramitas de fresno de unos doce centímetros de largo y de un dedo de gordo. Estaban hendidos a lo largo hasta la mitad donde tenían clavada una anilla de metal. Un gitano probablemente podría hacer unos diez o veinte en una hora. Hoy, las pinzas para la ropa son dos pedazos de plástico unidos por un muelle y probablemente no las toca la mano del hombre en toda su producción y distribución. No hay placer ni incentivo ni orgullo en el trabajo del operador de la factoría donde se fabrican. Si tomamos todo en consideración, quizás mil pinzas de las modernas representan una hora / hombre de trabajo. Esto lo llamamos “productividad”: evidentemente una devaluación de la actividad humana. La tecnología aumenta la productividad, devalúa el trabajo y destruye el empleo existente. El individuo se vuelve aún más dependiente y en consecuencia, pierde un pedazo más de su pequeñita parcela de libertad. La productividad (y su prima la competitividad) no tiene nada que ver con el valor añadido.

Hace poco oí de la boca de un sindicalista la expresión “la democratización del trabajo”. Esto es, naturalmente, un despropósito, una contradicción intrínseca. Lo que ocurre desde hace algún tiempo y paralelo al desarrollo de la tecnología, lento al principio, más rápido después de la Segunda Guerra Mundial y a una velocidad vertiginosa en los últimos veinte o treinta años, es la democratización de la aristocracia. Siendo los últimos miembros visibles de la aristocracia poco más que reliquias seniles y las familias reales diluidas con sangre de dudosa emprendeduría y bajo sospecha, se ha creado un vacío en la cima de la pirámide social. Y hay una carrera para apuntarse y aprovecharse, mientras se pueda, del excedente generado por el trabajador.

Pero los sindicalistas no son los únicos en usar el concepto de “democracia” de forma algo imprecisa. También he oído a un político nombrar las elecciones como “la fiesta de la democracia” y quedarse tan pancho. Hoy solemos usar esa la palabra para decir algo como “el gobierno según la voluntad del pueblo”. Sin embargo, nosotros el pueblo, nos caracterizamos por la poca disposición a expresar nuestra voluntad: poco más de la mitad de los potenciales votantes acudimos a las urnas, en gran medida porque preferimos delegar la formación de nuestras opiniones a la televisión, la prensa, los partidos y políticos que se supone que nos representan (después de todo es más bien engorroso considerar todas las implicaciones de cada plan de acción). Y éstos, aunque fueran capaces de interpretar la ingente cantidad de información que disponen, están naturalmente más interesados en ocupar y permanecer en los vacíos dejados por el colapso de la aristocracia que en usar esa información en beneficio del pueblo.

Creo que nunca ha habido una democracia en el sentido que le damos. Sencillamente porque nunca tuvo ese significado. Incluso en la Grecia clásica, “la cuna de la democracia”, era un eufemismo para “el gobierno de los que mandan”. La palabra (demos + kratia) significaba algo como el “poder del pueblo” (parece lo de “dictadura de las masas”¿verdad?) pero los que tomaban las decisiones fueron precisamente los que no trabajaban, la aristocracia – “los mejores más poderosos”, otra palabra griega compuesta – quienes vivían del excedente creado por los campesinos, mercaderes, artesanos y especialmente por sus esclavos. Bertrand Russel dijo algo así como que el absolutismo no puede existir sin servidumbre. Lo que pasa es que todo gobierno es inevitablemente y hasta cierto punto absolutista, sea Luis XV, la democracia griega, un politburó comunista, el Papa, una monarquía parlamentaria, una república constitucional … Lo que con toda probabilidad significa que tenemos que hacernos a la idea de que en una sociedad humana organizada siempre habrá algún grado de servidumbre, hoy maquillada de productividad y competitividad.

El otro día, alguien se quejó de cómo la riqueza de su comunidad había sido derrochada y malversada por los políticos y sus compinches, empresas públicas, funcionarios y administradores a todos niveles. Una pregunta relevante es ¿Acaso pretenden desangrarnos deliberadamente a todos? ¿Se han propuesto llenarse los bolsillos esquilmando de manera descarada la remuneración de los trabajadores? Creo que no. En el pasado uno era aristócrata por haber nacido en una familia aristócrata, es decir, porque tu padre lo era. Hoy te conviertes en aristócrata trepando por una escala empinada e insegura de la Administración, o preferiblemente de un partido político, hasta conseguir que te acepten y te concedan “un puesto de autoridad”. Este ascenso requiere muchísima astucia (no necesariamente inteligencia), perseverancia, una sumisión total a la ideología prevaleciente y un abnegado servilismo hacia los que están en lo más alto de la escala. Una vez arriba, como miembro de la Nueva Aristocracia, se te promocionará de cargo en cargo hasta que superes tu umbral de incompetencia donde, igual que a tus predecesores, te dejarán sin efecto, sin necesidad de tomar decisiones: éstas se tomarán en tu nombre y bajo tu responsabilidad por fuerzas invisibles e innombrables. De hecho, todo el proceso parece estar diseñado para moldear tu mente en asumir tu papel de aristócrata, uno de “los elegidos”, y te lo acabas creyendo de verdad. No hay prueba más convincente de ello que las absurdidades condescendientes proferidas (articuladas no es la palabra) por los portavoces del gobierno de turno y los partidos.

El Nuevo Aristócrata, y el Nuevo Aristócrata en ciernes, recibe un salario. Normalmente un salario bastante aceptable y una vez en un “cargo relevante”, un salario muy bueno. Recibir un salario implica que tiene un empleo pero los aristócratas no trabajan para ganar dinero. Son otros los que trabajan para mantenerlos. Así, el Nuevo Aristócrata se enfrenta a un dilema esquizofrénico que resuelve simplemente separando mentalmente el trabajo (por lo que se le paga) de lo que él ve como sus derechos como aristócrata, personificado en el cargo que ostenta.

Si por ejemplo, los ingresos del partido son mayores que los gastos del partido, la diferencia se reparte entre los Nuevos Aristócratas miembros del partido. Si tiene el poder de conceder un contrato a una empresa, no deja de ser natural que la empresa le muestre su gratitud por ello. Si los gastos de viaje se pagan, será en virtud del cargo y no por el trabajo realizado y por lo tanto, deberían pagarse aún sin cometido y/o si los miembros de la familia del Nuevo Aristócrata viajan también. Si compra barato un terreno y luego lo vende con pingües beneficios, no ha incurrido en ninguna irregularidad: el Nuevo Aristócrata (o en situaciones extremadamente delicadas, su señora) es quien ha realizado la compraventa. Como currante en el ayuntamiento, desasociado de su alter ego como dueño de la propiedad, no hizo sino su trabajo al firmar la recalificación del terreno. Etcétera.

Lo que el Nuevo Aristócrata hace en cada uno de estos casos es evidentemente apropiarse de dinero del contribuyente para su beneficio personal, evitando obviamente darlo a conocer ni pagar impuestos por ello. Para el ciudadano de a pie esto es corrupción pero para el Nuevo Aristócrata no hay nada censurable en lo que ha hecho: es su prerrogativa como aristócrata, él es uno de los “elegidos”. Nada que ver con el fontanero que pregunta “¿Con o sin IVA?” O el que solicita un subsidio al que no tiene derecho. Éstos saben que “hacen mal” mientras que el Nuevo Aristócrata, si ve algo mínimamente censurable en sus propias acciones, ese algo es que otros hayan podido atribuir esas “plusvalías” a su remuneración por su trabajo y, por lo tanto, sujetas a impuestos. Esta visión un tanto particular de las cosas explica la insistencia del Nuevo Aristócrata en sólo reconocer su culpabilidad a golpe de sentencias judiciales firmes. Además éstas tardan en producirse y siempre cabe la posibilidad de que el juez también esté trepando por una escala paralela o que haya llegado a la cima de la suya. (2)

También las instituciones nacionales e internacionales nos aportan evidencias de lo que he descrito. A determinados Nuevos Aristócratas (si poseen conocimientos en algún campo en particular se les llaman “tecnócratas”), sin tener en cuenta en lo más mínimo sus dudosas trayectorias previas, se les nombran digitalmente para cargos de relevancia en, por ejemplo, organizaciones monetarias o incluso son impuestos desde fuera como primer ministro en una nación desacreditada. Eso es, siempre y cuando sólo se trate de asuntos financieros. ¡Otra cosa son los escándalos sexuales!

Creo que queda bastante claro que a mí no me gustan los Nuevos Aristócratas y que no apruebo su corrupción. Pero no creo que sean intrínsecamente malvados, sólo son personas propensas a trepar esa escala, igual que la enseñanza o la investigación científica parecen atraer a personas de un carácter específico. En el pasado, las sociedades se han vuelto contra sus aristócratas abusivos, muchas cabezas han rodado y familias enteras se han enfrentado a los pelotones de ejecución. Pero lo que ha venido después nunca ha sido alentador.

Joe Palmer, 2013.


"Productividad"

Baraka es un film-documental dirigido por Ron Fricke en 1992.

Notas del autor:
(1) Escribí la primera versión de estas ideas en marzo de 2013 para lectores de habla inglesa. Un lector español notaría en seguida que estoy hablando de lo que ocurre en España. Sin embargo, creo que el mismo fenómeno se da en cualquier país occidental aún si no ha tenido una aristocracia en su historia o historia reciente.

(2) Todo esto se refiere, claro, a un ámbito cercano, nacional o, a lo sumo, europeo, es decir, interno.
Lo que sí sería interesante, es un estudio de la implicación de los Nuevos Aristócratas (especialmente en su faceta de gobernante) con las empresas multinacionales. El lector podría interesarse por las siglas “TPP” (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica) y “TTIP” (Zona de Libre Comercio Transatlántica) ambos tratados de libre comercio multilateral, y para redondear “ISDS” (investor-state dispute settlement) o CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones).

[ La solución de disputas entre inversores y Estados es una disposición en los tratados internacionales de comercio y los acuerdos internacionales de inversión que otorga a un inversionista el derecho de iniciar el procedimiento de solución de diferencias contra un gobierno extranjero en virtud del derecho internacional. Por ejemplo, si un inversor invierte en un país el cual es miembro de un tratado de comercio, pero luego ese país incumple o se sale de ese tratado, entonces el inversor puede demandar al gobierno de ese país por incumplimiento.

Los opositores critican que las demandas inversionistas-Estado (o la amenaza de ellas) inhiben la capacidad de los gobiernos nacionales elegidos democráticamente a la hora de implementar las reformas legislativas y sus programas y políticas relacionadas con la salud pública, la protección del medio ambiente y los derechos humanos. También argumentan que los arbitrajes se llevan a cabo en secreto por abogados comerciales que obtienen ingresos de las partes y no tienen responsabilidad ante el público ni se les requiere tener en cuenta las Constituciones Políticas de los Estados ni normas tan elementales como los Derechos Humanos, que forman parte del ius cogens internacional. Además al no haber una instancia superior a ese arbitraje las decisiones del CIADI son inapelables e irrevisables, volviéndose en obligatorias para los Estados.

Otro de los argumentos criticados radica en la capacidad procesal activa no recíproca entre el ente público (el Estado receptor de la inversión) y el ente privado (la empresa inversora): solamente las demandas pueden ser planteadas desde la empresa contra el Estado y no viceversa.

El activista de derechos digitales, Joe Karaganis, ha descrito la normativa como "la soberanía de las multinacionales". Según el periodista Glyn Moody, el término "representa el surgimiento de la multinacional como un igual ante el estado-nación". Fuente: Wikipedia ]

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08 diciembre 2013

Fuera de guión.


Me confieso espectador asiduo del programa Salvados y aunque el de la semana pasada no haya sido el más impactante (aún estoy mascando el que le dedicó a las eléctricas o al accidente del metro de Valencia), me divirtió mucho el testimonio desinhibido de Ismael Clemente, experto en la compra de activos inmobiliarios para inversores internacionales, tan alejado del discurso oficialista que desde hace seis años venimos escuchando a políticos variados y formadores de opinión de este país. Cierto que ha habido intentonas por parte de algunos pero han sido precedentes tan pobres, chabacanos o demagógicos que sólo les ha servido para hundirse aún más en la miseria intelectual en la que están sumidos.

Y como que este blog es mío, me apetece publicar la entrevista (con permiso de la Sexta) porque me parece que aún a pesar de sus luces y sombras (todas las tienen) aporta una visión cuyos secretos a voces revitalizan un debate que estaba ya en vía muerta por falta de diversidad en las ideas (me refiero en los medios). Antes quise dejar pasar unos días para ver la reacción que, salvo aplausos y abucheos por un lado, cabreo generalizado de los que viven bajo el "paralelo 40" y el desconcierto de la derecha digital tan obtusa como siempre a la hora de interpretar lo que transcurre en un programa tan "rojo y sesgado" como Salvados, no he visto nada del otro mundo. Quizás es que le doy más valor de la que tiene.

En todo caso, agradezco esa franqueza fuera de guión de Ismael Clemente y la inquietud que demuestra Jordi Évole en cada programa por ofrecer testimonios tan valiosos que contribuyen a crear una visión poliédrica del drama de este país y que en cierta manera nos regala una pausa frente al bla-bla-bla cansino y machacón de los que cobran por opinar y opinan por cobrar.

Parte I

Parte II



"En España se tergiversa el sentido de las palabras, se llama empresario al que vive del BOE". "Gente que construyen empresas enormes pero basadas en el trato con la Administración Pública”

"Es muy fácil ganar un pesebre de votos" a cambio de dejar que "todo funcione de forma fraudulenta; por economía paralela".

“Si has intentado jugar a Robin Hood y hacer vivienda pública pero con fondos provenientes, no del contribuyente sino, de financiación exterior, el financiador te acaba pidiendo su pasta de vuelta”

“Eso, por desgracia, no le hace ningún bien a la gente; que la mantengan permanente engañada y bombardeada con mensajes positivos que son más falsos que Judas”.



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07 diciembre 2013

¡Todos a bailar!


Hipnótica combinación entre la música de Scofield y las imágenes de un viejo film.


John Scofield - Kelpers (Bump, 2000)

* John Scofield (Dayton, Ohio, 1951) es considerado uno de los tres grandes guitarristas contemporáneos de jazz junto a Pat Metheny y Bill Frisell, cuyo estilo musical oscila entre el post-bop, jazz-funk y R&B. En sus inicios grabó con Gerry Mulligan, Chet Baker y Charles Mingus y fue miembro de las bandas de Billy Cobham - George Duke, Gary Burton y Miles Davis.

Desde entonces, ha grabado más de 30 discos en solitario incluyendo colaboraciones con Pat Metheny, Charlie Haden, Eddie Harris, Medeski, Martin & Wood y Herbie Hancock entre otros.
www.johnscofield.com/



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26 noviembre 2013

Entropía.

Entropia

El pequeño comediante nació y creció gris, convencido de que algún día sería el suyo. Expectante por los méritos que su individualidad debía reportarle, comió lo que crecía sobre la tierra, lo que crecía bajo tierra y finalmente acabó comiéndose la propia tierra para deleite de algún gafapasta que pensó que eso tenía el potencial de ser viral.

Y así fué cómo el pequeño comediante se promocionó a trending topic mundial y se convirtió en el tipo más cool, el más twiteado, googleado, liqueado y con la inercia viajó el mundo predicando aire, encumbrado como maestro, coach, emprendedor del año, personalidad influyente, evangelizador, iniciador, gurú, profeta, mesías y a saber qué más.

El pequeño comediante se despertó en su viejo jergón de pulgas sudando la fiebre de los días de entropía para cuando la vorágine de un mundo que abrevia sin piedad ya lo había deglutido y su atención languidecía en favor de otros comepiedras.

En la pared del fondo, un mural de una fotografía aérea en blanco y negro de la ciudad de Nueva York y a su lado la negra muda de torso desnudo que, con un movimiento aprendido, le acercó su mano de ergolina con la que el pequeño comediante trazó una brecha en el aire colándose por ella hasta desaparecer, etéreo, tal como había venido.


We Are Shining - Wheel of life, 2013



Entropía
Del griego ἐντροπία, evolución o transformación. La tendencia natural de la pérdida del orden.
Entropía termodinámica, una magnitud que mide la parte de la energía que no puede utilizarse para producir un trabajo; es el grado de desorden que poseen las moléculas que integran un cuerpo.
Entropía en la información, el grado de incertidumbre que existe sobre un conjunto de datos.


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28 octubre 2013

Lou Reed (1942-2013)



Lou-Reed


[...]
Across the streets an old Ford, they took off it's wheels
the engine is gone
In it's seat sits a box
with a note that says, Goodbye Charlie, thanks a lot

I see a child through a window with a bib
and I think of us and what we almost did
The Hudson rocketing with light
the ships pass the Statue of Liberty at night

They call it ecstasy, ah
ecstasy
Ecstasy, ah
ecstasy [...]


[Ecstasy]
Lou Reed, 2000




LOU REED - ECSTASY



Lou Reed - Sad Song. Berlin Live at St. Anns Warehouse, Brooklyn, New York.

Berlin: Live At St. Ann's Warehouse, 2006 es la grabación en directo, del clásico en solitario de Lou Reed, Berlín (1973), realizada durante cinco noches en el St. Ann's Warehouse de Brooklyn, Nueva York.

Durante más de 30 años desde su edición, éste álbum jamás fue interpretado en vivo puesto que, al ser un absoluto fracaso comercial, nadie quiso financiar un concierto en el que además se necesitaban actores.

A través de sus canciones, Lou Reed, narraba la trágica historia de amor entre dos drogadictos en la ciudad alemana, recreando un mundo áspero de desamparo, prostitución, drogas, travestismo, malos tratos y suicidio. Temas que en aquella época ningún músico se atrevía a tratar.


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23 octubre 2013

En busca de la innovación.

Proyecto Genoma de la Innovación.

En-busca-de-la-innovacion

Según Bill O'Connor, Corporate Strategist en Autodesk y fundador del Proyecto Genoma de la Innovación, si hay alguna palabra que suscite un gran interés en todo el mundo y en todos los sectores esa es innovación.

Desde CEOs, periodistas, gurús tecnológicos, coachs, académicos a ejecutivos, directivos, emprendedores o líderes mundiales como Obama y Hu Jintao, sin olvidar todo ese público efervescente que asiste insaciable a las conferencias que sobre este tema se celebran a lo ancho y largo de este planeta.

Hoy en día existen miles de talleres, libros, artículos, blogs, podcasts y tweets dedicados a ello, con tanta actividad cabría pensar que somos muy buenos innovando. Pero no es así.

Lo único cierto sobre la innovación es que es mucho más fácil hablar de ella que llevarla a cabo.

Y es que hay tantas metáforas entrelazadas con las que jugar, tantos modelos, paradigmas y términos en boga que uno puede pasar un estupendo y largo rato disertando sobre cosas que, siendo honestos, podríamos denominar IPNU (Interesante Pero No Útil). De hecho O'Connor opina que actualmente entre el 80% y el 90% del material relativo a la innovación podría calificarse de IPNU.

Para colmo está esa moda casi obsesiva por el voyeurismo creativo. Leer sobre las vidas y milagros de personajes innovadores como Steve Jobs, Richard Branson, Jeff Bezos, e incluso Benjamin Franklin y Thomas Edison, puede ser muy entretenido e instructivo, pero nos relega a un segundo plano en el que somos meros espectadores pasivos, centrando toda nuestra atención en lo que han hecho otros y no en lo que uno, por sí mismo, podría hacer. Para no perder la perspectiva, sería bueno marcar distancias con un filtro en el que nos preguntásemos a nosotros mismos: “Vale, si, pero... ¿Cómo puedo aprovechar yo eso?

La intención del Proyecto Genoma de la Innovación es sortear todas esas distracciones, profundizar más allá de las anécdotas irrelevantes y vaguedades que dominan gran parte de la literatura contemporánea sobre la innovación, y centrarse en los hechos reales para capturar y descifrar los modelos de pensamiento que los grandes innovadores han creado y aplicado en su propio trabajo. Se trata de pasar a la acción y ver lo que podemos aprender y utilizar, nosotros mismos, aquí y ahora, en nuestro día a día.

Para ello, dicho proyecto tiene como tarea estudiar una muestra de 1.000 innovaciones que hayan marcado nuestra historia, con el fin de detectar patrones comunes en la base de todas ellas que permitan crear herramientas prácticas y útiles para innovar en nuestro entorno actual.

Revisadas apenas las 100 primeras ideas, el equipo del proyecto ha descubierto un patrón simple, pero con un gran potencial: cada idea estudiada tenía en su epicentro una serie de "Preguntas clave para innovar" que fueron las que impulsaron la inquietud conceptual necesaria para dar pie a esa innovación.

Éstas son las siete preguntas aparecieron en el 40-60% de las innovaciones investigadas, y a menudo aparecían más o menos en este orden.
¿Qué podríamos imaginar?
¿Qué podríamos mirar de una forma diferente?
¿Qué podríamos utilizar de un modo diferente, o por primera vez?
¿Qué podríamos trasladar a un nuevo contexto, ya sea en el tiempo o en el espacio?
¿Qué podríamos conectar de un modo nuevo, o inesperado?
¿Qué podríamos cambiar, en términos de diseño o rendimiento?
¿Qué podríamos crear que sea realmente nuevo?

Preguntas-Proyecto-Genoma-Innovación

Menos cuento y más acción.

Una forma fácil de empezar es eligiendo algo en lo que estés trabajando en este momento y que creas que podrías aportarle un nuevo valor. Ten en cuenta que innovar no implica necesariamente inventar algo nuevo, también puede ser renovar, mejorar, perfeccionar o reformar un producto o servicio que ya existe.

Escribe ese "algo" que va a ser objeto de la innovación en medio de una pizarra, una hoja de papel o en la parte superior de un documento de texto.

Formula en el orden indicado las siete preguntas para innovar.

Realiza una lluvia de ideas (brainstorming) para dar respuesta a cada una de esas preguntas.

Analiza, prioriza y planifica acciones con las ideas más prometedoras.

El resultado de este tipo de brainstorming estructurado será un flujo de lo que llamamos "ideas innovadoras" que no son innovaciones por sí mismas, sino la simiente para generar innovaciones tangibles. Y el uso de las siete preguntas es una forma de asegurarnos que estas ideas puedan tener un valor potencial.

A partir de ahí, se tratará, que no es poco, de conseguir el suficiente conocimiento, experiencia y medios (nosotros mismos, otras personas o compañías, dependiendo del contexto en el que nos movamos) para transformar esas ideas en productos reales, servicios o experiencias.

Para O'Connor, el Proyecto Genoma de la Innovación es una herramienta estratégica que nos puede ayudar en nuestro trabajo diario a pasar del inmovilismo abstracto a la innovación efectiva y convertirla en una acción estimulante que nos brinde la capacidad de generar el mayor impacto positivo posible en un mundo ávido por aprovechar toda la innovación que le llega.

Bill O'Connor - The Innovation of Innovation. Directed by Jason Headley

* Nota. Esta es una traducción e interpretación personal sobre el artículo "The Innovation Genome Project" por Bill O'Connor.


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The Black Keys - Live from Abbey Road


the-black-keys

The Black Keys es un dúo de blues-rock muy contundente formado en Akron, Ohio en el 2001 por Dan Auerbach (guitarra y voz) y Patrick Carney (batería).


The Black Keys - I Got Mine del álbum Attack & Release, interpretada en vivo en los estudios de Abbey Road, Londres, 2008.



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DISTORSIÓN

The Human Map. Part IV.

Yolanda Domínguez (Madrid, 1977) es una artista multidisciplinar que en 2011 dirigió Poses, un living en el que pone de manifiesto lo absurdo y artificial del mundo del glamour y de la moda y la imagen distorsionada y despectiva que las editoriales difunden de la mujer a través de sus modelos de posturas imposibles.

Poses - 2011

Según la artista, el proyecto marcó un hito personal y profesional en su trayectoria, con más de 800.000 reproducciones en Youtube, varias semanas en el Top10 mundial de los mejores vídeos sobre moda y tras ser difundido en televisiones, periódicos y web de todo el mundo, todavía hoy sigue suscitando comentarios e inspirando nuevas versiones en las redes.

Por ello este año, 2013, lanzó una propuesta colectiva para que mujeres anónimas de distintas partes del mundo parodiasen una de las poses de la Campaña Primavera-Verano 2013 de Chanel, realizada por Karl Lagerfeld.

Distorsion-Chanel


Y el resultado fue este vídeo de acción colectiva:


Pose Nº5 - 2013

- Blog de Yolanda Domínguez
- Web (in English)



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13 julio 2013

It's a hard life

The Human Map. Part III.

It's Not About the Nail
by Jason Headley
"Don't try to fix it. I just need you to listen." Every man has heard these words. And they are the law of the land. No matter what.



Vigor Plant
by Passion Pictures
"It's a hard life"

Director - Jonathan Gurvit
Agency - Armando Testa




 Vigor_plant


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01 julio 2013

De educación y creatividad.


Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho».


[Saber sin estudiar]
Nicolás Fernández de Moratín,1737 - 1780



Unas navidades, le pedí a mi hijo una felicitación para sus primos de Tenerife y a los diez minutos se me presentó con esto:

Dibujo felicitación navidad

Miré seis palmos abajo al piltrafilla que entonces tenía unos cinco años y le espeté con desesperación:

  - Pero bueno ¿A ti te parece esto una tarjeta de Navidad? ¿Qué hacen estos dos aquí? ¿ Dónde está el niño Jesús, María y José, las ovejas, el burro, o un Papá Noel, la nieve, un trineo o unos renos al menos...?

  - Papá Noel vino al colegio a traernos regalos
- me interrumpió - pero para mí que es un poco falso porque se le despegaba un poco la barba. Además, en Tenerife no hace frío, para qué les voy a pintar un trineo...

Y sin darme derecho a réplica, dio por acabada la conversación propinándome una patada en las espinillas y desapareciendo en su cuarto muerto de risa. Cómo se parece a su madre, suspiré.
Justo la semana anterior le había dado por dibujar una serie de 20 esbozos de parejas desnudas que luego colgó en las paredes de su cuarto y nos invitó orgulloso a su madre y a mí a la "exposisión".

Mi mujer, muy pensativa, me susurró al oído:

  - Igual nos tendríamos que recatar un poco...

  - ¡Qué dices! ¿No ves que esos no somos nosotros? Yo no tengo esa barriga
- repliqué un pelín mosca.

Guardo aquella felicitación, las parejas desnudas y otros muchos dibujos como oro en paño. No son nada excepcionales, dibujaba igual que cualquier niño de su edad, pero me fascina la riqueza viva de sus temas, la valentía con la que con cuatro trazos impregnaba de movimiento a monstruos, caballos a galope, dinosaurios, animales híbridos, roqueros, pasillos de supermercado, lámparas... Dibujaba lo que le venía en gana, sin achantarse, de un tirón y sin usar la goma.

"Pintar como los pintores del renacimiento, me llevó unos años, pintar como los niños me llevó toda la vida" - dicen que dijo Picaso y ahora capto la idea. Me costó darme cuenta de que el desparpajo de mi hijo se debía a que nadie le corregía. Su corta edad lo situaba en un envidiable estado de gracia donde no había reglas ni cánones con los que medirse, él daba por bueno lo que hacía y dibujaba lo que le pedía el cuerpo.

Pero un día, en un ejercicio de clase se llevará una bronca y un cero patatero porque en su intento de dar vida a la naturaleza muerta de un bodegón, les plantará un peluquín a la pera y panderetas a las mandarinas. Puede que ese día su cerebro haga un clic y descubra que errar no sale gratis. Con el tiempo y tras muchos toques de atención, hará sólo lo que se le valore positivamente (¿productividad, Sr. Palmer?) Y así le pasará con todo, cogerá miedo a exponerse, se hará remolón y pragmático. Se homogenizará y aprenderá, en definitiva, a no ir de por libre no vaya a ser un pela-papas como su padre.

Ahora que tiene ocho años, pinta una y otra vez familias cogidas de la mano frente a una casa insípida que no reconozco. La única licencia que se permite, es su nueva hermanita que orbita flotante cual satélite, a lo largo y ancho del papel según el humor con que le pille el día.


The Avalanches - 'Frontier Psychiatrist'

"Todos los niños nacen artistas. El problema es cómo seguir siendo artistas al crecer." - dijo Picaso, que más o menos viene a ser lo mismo que lo anterior pero queda muy ilustre calzar argumentos con citas. Y es que se puede errar por dos razones muy diferentes, por falta de atención e interés o bien por haber buscado la solución por una vía diferente. Pero entiendo que penalizar ambas sistemáticamente, sin diferenciar, supone minar la iniciativa propia y la voluntad de asumir riesgos.

Entiendo que la enseñanza necesita el establecimiento de unas bases sobre las que desarrollarse. Pero cuánto de lo que aprendimos en la escuela ha quedado en entredicho con el tiempo. Me inquieta pensar en qué porcentaje de nuestra evolución cultural, científica o tecnológica está fundamentada en intereses, o peor aún, en meras hipótesis a veces imprecisas y sólo verificables a medida que avanza la técnica. Gasolina o agrocombustibles, corriente continua o corriente alterna, red eléctrica o transferencia inalámbrica, escuela de Chicago o escuela austríaca, industria o servicios... en cada momento de nuestra historia hemos tenido que decantarnos por un camino para poder focalizar así nuestros esfuerzos y recursos, pero la pregunta es quién lo han determinado y en interés de qué.

Cuántas veces la urgencia de algunos nos ha llevado a optar por la vía rápida en detrimento de otras alternativas más sostenibles a largo plazo, llegando a un punto, en el que intentar corregir la distorsión generada, resulta especialmente traumático para las clases medias y trabajadoras, que son a las que "casualmente" siempre les toca pagar las facturas. Hay que entender que nuestros dirigentes necesitarán, para cuando la política los retire, ese puesto ejecutivo en los consejos de administración que las grandes empresas acostumbran prometer.

Visto esto, no es de extrañar oír quien lamenta que la economía ha sustituido a la política. El antropólogo Marvin Harris argumentaría que eso ha sido siempre así y en todas las culturas, pienso yo que la diferencia es que antes era economía local sobre política local y ahora es economía global sobre política local.

Y con esta globalización bien asentada, ahora que los ingredientes de la paella de marisco de mi suegra provienen de cinco continentes, ahora que un tipo de Sarátov (que jamás ha salido de su barrio) le puede estar saqueando las cuentas bancarias a otro tipo en Torrelodones (que tampoco ha salido de su barrio), ahora que la carne de la lasaña congelada que se come éste, proviene de caballos engordados en Ucrania, sacrificados en Rumanía, mercadeados en Lituania como carne de vaca, procesada en Bélgica y envasada en Francia, ahora que un tipo puede especular con el precio del abastecimiento mundial del arroz para el próximo año gracias a un mercado en el que hay un millón de veces más dinero electrónico que el real, ahora que internet nos basta para enteramos de todo y de nada: no faltan voces que avisan que el sistema educativo se ha quedado obsoleto y que en sus reformas hace falta replantear métodos y contenidos más allá de los ideológicos o religiosos. Nuestros hábitos han cambiado, la economía ha cambiado, la tecnología ha evolucionado vertiginosamente, las cualidades exigidas para liderar una empresa están cambiando radicalmente ¿Por qué la educación no?

En 1984 la fundación Sampling estrenaba TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) invitando a pensadores y profesionales de estos tres sectores a participar en una serie de conferencias anuales sobre "las ideas que valen la pena difundir". Desde entonces el espectro de los temas se ha ido ampliando y en el año 2006 se lanzó la plataforma de videos en internet TEDTalks que se estrenó con una de las conferencias más legendarias y aclamadas "Las escuelas matan la creatividad" por Sir Ken Robinson.

Sir Ken Robinson (Liverpool, 1950) es un educador, escritor y conferenciante británico, experto en temas relacionados con la calidad de la enseñanza, la creatividad, la innovación y los recursos humanos. Ha trabajado para la Comisión Europea, para los gobiernos de Hong Kong y Singapur y para el Ministerio de Educación y Empleo británico donde dirigió el Comité Consultivo Nacional sobre Educación Creativa y Cultura. Fruto de ello es el famoso Informe Robinson (All Our Futures: Creativity, Culture, and Education) que pone en relieve el escaso papel que hasta entonces había recibido la creatividad y la importancia que sobre ella recaía el futuro, ya no sólo del país, sino de la propia humanidad.

En resumen, Robinson propone pasar de escuelas estandarizadas al aprendizaje personalizado para crear unas condiciones favorables en las que pueda florecer el talento natural de los niños.


La RSA, Real Sociedad para el fomento de las Artes, Manufacturas y Comercio (Royal Society for the Encouragement of Arts, Manufactures and Commerce) es una institución multidisciplinar británica fundada en 1754 y cuya base está en Londres. Han sido miembros notables Benjamin Franklin, Adam Smith, William Hogarth, John Diefenbaker, Stephen Hawking y Charles Dickens.

Esta sociedad se ha caracterizado por promover nuevas formas de pensar con las que desafiar el statu quo y tratar de cambiar al mundo en su entorno. En su carta fundacional expresa el propósito de "apoyar y fomentar la empresa, ampliar la ciencia, refinar el arte, mejorar nuestras manufacturas y extender nuestro comercio" y con ello también aliviar la pobreza y asegurar el pleno empleo.

En la actualidad, el mensaje de la RSA gira en torno a la cuestión de si podemos seguir así tal como estamos. Si son las ideas y los valores que transformaron el mundo en los dos últimos siglos suficientes para encontrar soluciones a los desafíos con que nos enfrentamos actualmente o, por lo contrario, necesitamos nuevas formas de pensar.

Para divulgar mejor este debate, en 2010 crearon RSA Animate, 18 vídeos con un formato de 10 minutos de animaciones dibujadas a mano (scribing) por Andrew Park y Cognitive Media, en los que se recogen los principales puntos de las charlas ofrecidas por sus miembros e invitados.
Ésta es la adaptación del discurso que dio Sir Ken Robinson en la sede de la RSA en enero de 2010 con motivo del premio Benjamin Franklin que dicha sociedad le otorgó.

Sir Ken Robinson - 'Cambiando Paradigmas' (subtítulos)
(Ver la charla completa aquí: www.thersa.org/events/video/archive/sir-ken-robinson)

Un día, mi hijo dibujó un sol rodeado de peces y a mi pregunta me contestó que cómo era posible que a mi edad, no me hubiese fijado que el sol sale todas las mañanas del mar.
La creatividad no es una cualidad exclusiva del arte, es medio valioso para resolver cualquier reto, una solución ingeniosa es una solución creativa y vamos a necesitar cultivar mucho ese don innato en nosotros para poder curar el estreñimiento crónico que padece nuestro sistema.




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25 junio 2013

La farra del Mediterráneo.


"En mitad del invierno, aprendía por fin que había en mí un verano invencible."
Au milieu de l'hiver, j'apprenais enfin qu'il y avait en moi un été invincible.
[Albert Camus, L'Été, Editions Gallimard 1954]

De Tyres a Tarifa, de Makarska a Calvi, todo el Mediterráneo celebra la llegada del solsticio de verano. Por mucho que les pese al Financial Times y al FMI de economías paranoicas que parecen querer practicarnos una lobotomía y condenarnos al eterno invierno, es así como en el Mediterráneo rendimos tributo al verano y es así como seguiremos haciéndolo, en familia y con amigos. Subo dos vídeos para que cada cual encuentre su punto medio. Feliz verano.


"Mediterráneo"
Tribute to this wonderful sea by Leonardo Dalessandri
Puglia (Italy) - Summer 2011
Music: "Spring" by Ilya





"Mediterráneamente"
Summer spot by Estrella Damm, Spain, 2013
Music: Love of Lesbian
Agency Villar
Produced by Ovideo TV
Directed by Júlio Médem
DoP Mario Montero




Mediterraneo boy in the beach
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01 marzo 2013

Work, corruption and the new aristocrats.

By Joe Palmer.

Man having bath of headlines

Mankind’s most revolutionary invention was not tool-making, pottery, the wheel or even agriculture. It was work. Previously, people hunted or went hungry and, if their bellies were full, they stayed at home. Then some bright character, possibly the first politician, decided he wouldn’t hunt (except purely for pleasure) or grow vegetables (not even for pleasure) but would get someone else to do it for him. He had invented work! He had invented the exploitation of one human being by another. Instead of hunting and eating other people, it was far more efficient to put them to work. Since that day, human activity has revolved around creating new, ever more efficient systems to this end: the tribal system, feudalism, monarchy, capitalism, communism to name but just a few.

You will possibly object that work is not necessarily “exploitation” but “cooperation”, or even “specialization”, a means by which society satisfies its members’ needs and progresses socially, materially, technologically and artistically. But history doesn’t fully support such contentions: hunter-gatherers spent (and spend) less time and fewer calories producing their food and satisfying their needs than does the average office worker today. The great artists who painted the walls of the Lascaux caves thirty thousand years ago were not revered specialists, in life shown at the Tate and in death used (their works, that is) as a refuge for ill-gained capital. No, we’ve been taken for a ride. Work does not ennoble us or give us liberty, as we have been taught to believe. It does that for the chosen few who don’t actually work. And has done so for several thousand years: people have been made, by force or trickery, to produce a surplus for the dubious privilege of belonging to a complex stratified society in which they have maintained in great wealth and ostentation an aristocracy and, to a lesser degree, an armed force as well as a judicial system and a host of administrators whose primary task has always been to defend the interests of that aristocracy.

I’m not saying we don’t need leaders, scientists, schoolteachers, bankers, fulltime artists, judges and administrators: if we want to live as gregarious human beings, we do. I’m just trying to put the dots on the “i”s.

Technology is a fairly accurate measure of a society’s degree of “advancement” in so far that it is an indication of the individual’s subordination to the system. An example: when I was a lad, gypsies would come around selling the clothespegs they made. These were finger-thick twigs of ash, split halfway lengthways and with a little metal band nailed round them. A gypsy could probably make ten or twenty in an hour. Today, clothespegs are two bits of plastic joined by a spring and are possibly not touched by a human hand at all in their production and distribution. There is no pleasure or incentive for pride in the factory operators’ work. If we average things out, perhaps a thousand clothespegs represent a man-hour of work. This is what we call “productivity”: clearly a devaluation of human activity. Technology improves productivity, it devaluates work and destroys existing employment. The individual becomes even more dependent and, consequently, loses even more of his little store of freedom. Productivity (and its cousin competitivity) has nothing to do with added value.

I recently heard in the mouth of a trade-unionist the expression “democratization of work”. This is, of course, by definition, absolute rubbish. What has been going on for some time in parallel with the advance of technology, slowly at first then faster after the second world war and even faster in the last twenty or thirty years, is the democratization of the aristocracy. With the last visible members of the aristocracy little more than doddering relics and royal families suspect and diluted with dubious entrepreneurs’ blood, a vacuum at the top of the social pyramid has been created. And there has been a rush to cash in and, while it lasts, take advantage of the working man’s, and woman’s, surplus.

But trade-unionists are not the only ones to use the idea of “democracy” rather loosely. I also heard a politician cynically call elections the “celebration of democracy”. Today we mean by the term something like “government according to the wishes of the people”. We, the people, however, are characteristically loathe to express our wishes: little more than half of us turn out for elections; we tend to prefer others to form our opinions – after all, it is rather tiresome to consider all the implications of any particular course of action – so we delegate opinion-making to TV and the press and to the political parties and the politicians who are supposed to represent us. These latter, even if they were able to interpret the enormous mass of information they dispose of, are, of course, more preoccupied with filling and hanging on to the voids left by the demise of the aristocracy than with using that information for the benefit of the people.

I believe there has never been democracy in the sense in which we use it. Simply because it never meant that. Even in ancient Greece, “the cradle of democracy”, it was a euphemism for “government by the bosses”. Literally the word (demos + kratia) meant something like “power of the people” (sounds a bit like “dictatorship of the masses”, doesn’t it?) but those who participated in decision-making were precisely those who did not work, the aristocracy –“the best powerful people”, another Greek compound word – who lived off the surplus created by peasants, tradesmen, craftsmen and, especially, their slaves. Bertrand Russell said something to the effect that absolutism cannot exist without serfdom. But, in practice, all government is inevitably absolute to a certain degree whether it be by Luis XV, Greek democracy, a communist politbureau, the Pope, a parliamentary monarchy, a constitutional republic …, which probably means that we have to become reconciled to the idea that there will always be some degree of serfdom in organized human society, these days disguised as productivity and competitivity.

The other day, someone complained how his community’s wealth had been squandered and embezzled by politicians and their cronies, by quangos and by civil servants and administrators right down the line. One question is are these people consciously out to rip us all off? Have they set out to drain dishonestly the working man’s earnings into their pockets? I don’t think so. In the past you became an aristocrat by being born into an aristocratic family, i.e. your dad was one. Today you become one by climbing a steep, uncertain ladder in the Administration or, preferably, in a political party, until you are eventually accepted and awarded a “position of authority”. This climb requires a great deal of guile, but not necessarily intelligence, perseverance and total submission to the prevalent ideology and self-denying subservience to those already higher up. Once there, as a member of the New Aristocracy, you will be promoted from post to post until you pass your threshold of incompetence and there, just like your hereditary predecessors, you will be put out to grass, un-required to take decisions: these will be taken in your name and at your responsibility by un-named, unseen forces. In fact, the whole process seems designed to mold your mind to the assumption of being an aristocrat, one of the “best people”, and you really believe it. There is no better proof that this is so than the condescending absurdities uttered by government and party spokesmen, and spokeswomen.

The New Aristocrat, and the New-Aristocrat-in-the-making, receives a salary. Normally quite a good salary and once “in authority” a very good one. To receive a salary implies doing a job but aristocrats do not work for their money. Other people work to support them. In this way, the New Aristocrat is faced with a schizophrenic dilemma which he, or she, resolves quite simply by separating in his mind the work for which he is paid from what he sees as his due as an aristocrat, as personified by the post held. If party receipts are greater than party expenditure, then the difference is shared among the New Aristocratic party members. If he has the power to award a contract to a company, it is only natural that the company should show gratitude to the New Aristocrat for doing so. If travel expenses are paid, they are paid in virtue of the post and not for the work done and therefore should be paid even if no work is done and/or if members of the New Aristocrat’s family also travel. If he buys a piece of land cheaply, then sells it at a huge profit, he has incurred in no irregularity: the New Aristocrat (or in extremely sensitive situations perhaps his wife) has bought and sold the property. He as worker in the town hall has, disassociated from his “alter ego” as owner of the property, no more than signed the planning permission. And so on.

What the New Aristocrat is doing in each of these cases is clearly skimming off public money, i.e. the tax payers’ money, for his personal profit, avoiding, naturally, making it public or paying tax on it. To the man-in-the-street this is corruption but to the New Aristocrat there is, of course, nothing wrong in what he has done: it is his prerogative as an aristocrat, he is one of the “best” people, quite unlike the plumber who asks “With or without VAT?” or the man who claims a benefit he is not entitled to. These know they are “doing wrongly” while the New Aristocrat, if he sees anything censurable in his actions at all, only laments having them seen as part of his retribution for work and thus taxable. This peculiar vision explains the New Aristocrat’s insistence on only recognizing judicial sentences of guilt. The sin resides in being caught and, in any case, is quickly and understandingly quickly forgotten. Besides, there is always the possibility that the judge himself is climbing a parallel ladder or is already at the top of one.

Further evidence of this is notorious in national and international institutions.  Certain New Aristocrats -  if they have some knowledge of a field they are known as “technocrats -  are appointed “digitally” by their peers to positions of relevance in, for example, monetary organizations, or even to the office of prime minister of a disgraced nation, with total disregard for democratic procedure and their dubious past. That is as long as it only concerns financial questions.  Woe to the New Aristocrat who is caught with his trousers down!

It should be clear I do not like New Aristocrats and I do not approve of their corruption. But I believe they are not inherently wicked, only people who are mentally predisposed to climbing that ladder, just like teaching or scientific research seem to attract their specific types of person. In the past, society has turned on its abusive aristocrats and heads have rolled and families have been brought before firing squads. The aftermaths have been none too encouraging.

Joe Palmer,
February 2013.

"Productivity"

Baraka is a 1992 non-narrative film directed by Ron Fricke.



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08 febrero 2013

Mundo viejo

... sobre la casta política.

- Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres.

- No comí
- dije yo - mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

- ¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.


[Lazarillo de Tormes, anónimo, 1554.]





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Momentos de inercia



Afternoon. Valencia-Spain © Somerset-Harris
Cae la tarde - Valencia, Spain.




Ciudad de las Ciencias-Valencia-Spain © Somerset-Harris
Timidez - Valencia, Spain.




Statue-Valencia-Spain © Somerset-Harris
Héroe local - Valencia, Spain.




The forest-Slovakia © Somerset-Harris
Into the forest - Slovakia.




Danube-River-Bratislava-Slovakia © Somerset-Harris
Danube River - Bratislava, Slovakia.




Humen-Pearl-River-bridge-Guangdong-China © Somerset-Harris
Humen Pearl River bridge - Guangdong, China 虎门大桥




Hong Kong-harbour-China © Somerset-Harris
From here to the world - Hong Kong harbour, China 香港




Hong Kong-street-China © Somerset-Harris
Busy street - Hong Kong, China 香港




street-Guzhen-Town-Guangdong-China © Somerset-Harris
Old town - Guzhen Town, Guangdong, China 古镇镇




Pearl-River-colours-Zhū-Jiāng-China © Somerset-Harris
Pearl River becomes abstract - Zhū Jiāng, China 珠江




Sun-Rising-Castilla-Leon-Spain © Somerset-Harris
Amanecer en Castilla - Castilla y León, Spain.


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15 octubre 2012

Escenario común

The Human Map. Part II.

Aunque pase el tiempo y los protagonistas y escenarios varíen, son temas que desgraciadamente no dejan de ser actualidad...


The Streets - Everything is Borrowed (2008)




Black Lips - Bad Kids (2008)




Rage Against The Machine - Testify (2000)



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28 septiembre 2012

La casa de piedra.

The stone house detail. Somerset Harris

Inmune a las enfermedades del alma, a los delirios del corazón, se adentró en el universo de los discursos oblicuos y las posturas robadas. Aprendió la utilidad de la palabra circunstancial y practicó la ubicuidad del gesto. Profesó la conjura del destino y sucumbió al dogma de un mundo loco donde lo intangible pacta trueques con lo vital, donde cada encuentro con la condición humana no era más que el retomar exasperante de un diálogo imposible. Ahora, en la vieja casa de piedra, el tiempo permanece latente bajo la dovela central y no son pocos los que creen verla.

La casa de piedra. The stone house. Somerset Harris


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25 septiembre 2012

Al fin otoño...


Ahora que este sol monocorde va cediendo al gris, al fin la tregua de unas gotas, la quimera de una lluvia esquiva. Al fin la vida bañada en luz de otoño, todo es lo que parece.

Je te laisserai des mots
En sous de ta porte
En sous de la lune qui chante
Tout pres de la place ou tes pieds passent
Cache dans les trous de temps hiver
Et quand tu es seule pendant un instant

Embrasse moi
Quand tu voudras

[Je te laisserai des mots]
Patrick Watson

Nina Naustdal - Couture (Knightsbridge, London) by James Miller  /  music: Patrick Watson - Je te laisserai des mots


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15 agosto 2012

Donde rugen los volcanes.


sunset at sea seen from a ship, atardecer, mar, barco, isla de El Hierro

Cuando mi hijo tenía cinco años y tenía por héroe a Jack Sparrow, decidí recuperar la travesía en barco que yo había hecho mil veces (es un decir) a la isla de El Hierro y que por cuestiones prácticas ahora atajaba siempre en avión.

Después de tres horas de vuelo llegamos a media mañana al sur de Tenerife donde aprovechamos para comer con mi hermano mayor y su prole, a los que hacía años que no veía, y embarcamos a eso de las siete de una tarde apacible, de brisa fresca y mar calmo, definitivamente prometedora para quien no quiere ser agitado vilmente como un guiñol.

Subimos a bordo directamente a una sala de butacones llena de pasajeros pendientes de un par de televisores en los que se proyectaban las primeras escenas de Ice Age. Bieeen - me dije - una infantil. Pero mi hijo, indiferente al divertimento, señaló los ventanales:

- ¿Podemos salir? Quiero ver el mar.

- Chico, como si no lo vieras el resto del año... - disimulé orgulloso.

- Ya pero este es el Atláaaantico ¿sabes? - me contestó vacilón.

Así que salimos a cubierta a pasear su curiosidad infinita por cada condenada cosa que nos salía al paso mientras yo le correspondía con mi interpretación estelar de padre popeye.

El barco zarpó con un murmullo bronco y se deslizó majestuoso por las aguas calmas del puerto de los Cristianos hasta dejar atrás la escollera, y pronto tan sólo quedó la silueta y la falda iluminada de una isla en la que nací y viví con insana felicidad los primeros dieciocho años de mi vida. Una vez más, sumido en la nostalgia, evoqué en esta secuencia casi cinematográfica de la isla alejándose en la penumbra el símbolo de mi distanciamiento de una tierra en la que me siento cada vez más como un extraño y de la que me es imposible sacar balance de lo que perdí y gané marchándome.

Mi hijo, ajeno a estas emociones de folletín, me propuso subir a través de la escalinata exterior a la segunda cubierta donde repetimos el ritual de la inspección hasta toparnos con una escalinata más estrecha y empinada que la anterior. Por ella accedimos a una tercera cubierta que no era más que una explanada desierta de cuyo suelo de hierro pintado de verde emergían dos enormes chimeneas negras humeantes como dos volcanes. En un rincón se apilaban una docena de viejas y descascarilladas hamacas, probablemente restos de un tiempo en el que la gente viajaba sin prisas y sin temor de cocerse al sol. En medio de la cubierta había una de esas hamacas, pegajosa por el salitre, en la que mi hijo no hizo ascos para tumbarse. Panza arriba, cruzando los brazos tras la nuca, me dijo con gozo y todo farruquito:

¡Oh! Esto sí que es vida ¿eh, papá?

La frase me pilló como un imbécil con el brazo en alto buscando cobertura para llamar a su madre. Necesité unos segundos para analizar mi entorno y comprender lo que me quería decir. Cerré el móvil avergonzado y me tumbé junto a él. Y así, hombro con hombro, bajo el cielo raso, entre volcanes, encarados hacia América pero a tan sólo ciento setenta millas del Sahara Occidental y casi a ras del trópico de Cáncer, flotando insignificantes sobre los trescientos cincuenta millones de kilómetros cúbicos de Océano Atlántico, rodeados de calderones, zifios, rorcuales, cachalotes, delfines, abades, tiburones martillo, meros, pargos, tortugas boba y qué se yo qué más bichos, recuperé la capacidad de abstraerme. Y con ello disfruté, junto a mi hijo, del florecer de un millón de estrellas en el cielo. Una a una.


Najwa - Donde rugen los volcanes © 2012 WMG



II. Nada va a cambiar mi mundo


Evidentemente, esto de evadirse de todo y disfrutar del momento, es una regalía que todos nos hacemos de vez en cuando. Pero entenderlo como un ejercicio práctico y necesario para mantener el equilibrio mental es darle otra dimensión al asunto.

Creo que tomé conciencia de ello cuando tenía unos quince años. Eran carnavales, tenía novia y sólo cabeza para ella. Sin embargo, aquel año me tocó ir a la casa de campo en El Hierro, mano a mano a solas con mi padre. Una tarde, le estaba ayudando a hacer un experimento tipo injerto de un ciruelo en el tronco de un almendro, ya se sabe: pásame la cinta, ahora las tijeras, sujeta aquí, estate quieto con los pies no levantes polvo... Yo, muerto de aburrimiento, me resignaba al miércoles de ceniza mentando mi suerte, mala sombra que tengo, que de seis hermanos me tenía que tocar a mí, con la tremenda juerga que me podría estar corriendo ahora por las calles de Santa Cruz disfrazado de Montserrat Caballé. Vamos, una de esas noches antológicas de que las empezaba con una chica y me despertaba de amanecida en la playa enlazado a otra, sintiendo la angustiosa urgencia por palpar su sexo para comprobar que bajo los restos del maquillaje había efectivamente una chica. Cosas de carnavales. Aunque doy por hecho que esto fue posterior.

Ya está - interrumpió mi padre con su acento inglés - ya hemos hecho nuestra parte, ahora le toca a él. ¿Sabes? – me dijo señalando la tísica ramita de cuatro hojas sujeta con cinta negra de electricista a una herida en cuña hecha con mucho arte en un tronco ciego – en la naturaleza hay momentos en que todo se reduce a dos opciones: vida o muerte, así de simple y así de cruel. No hay término medio, no hay dinero que valga, ni amigos, ni fiestas, ni novias...

Me la suda un pimiento
- me dije mordiéndome los labios. Pero mi subconsciente, que es más viejo que yo, dijo trae para acá que ésta me la guardo yo. Porque son de esas frases aparentemente sin trascendencia alguna que sin embargo, con el tiempo, se apuntalan como marcas de referencia en el kilometraje de la vida.

Son muchas las veces que me ha venido a la cabeza y la he reinterpretado, simplificando al límite el momento, eliminando lo superfluo, lo secundario, mis preocupaciones, mis paranoias, lo que no está presente para centrarme en disfrutar lo que estoy viviendo. Lo mismo jugando con mis hijos en el sofá y olvidar que llevo cincuenta horas trabajando sin dormir y que mañana tengo que entregar un proyecto, como dormitando el poniente sobre el ombligo de mi mujer en una playa del Mediterráneo, o deambulando perdido por las calles de Hong Kong. Cuando no hay pasado, no hay futuro ni prima de riesgo ni miedo, la vida se revela rica, plena de matices. Y si algún incauto viene a estropearme eso poco, mendigándome que trabaje más por menos, que me conforme con nada, que reponga la hucha que vaciaron otros, juro que le marcaré el camino de vuelta a collejas. Por insolente.


Fiona Apple - "Across the Universe" (John Lennon), 1998.



III. Se acabó el cheque en blanco: quiero contrapartidas


Y el caso es que últimamente no funciono bien, he llegado a un punto en el que me cuesta mucho evadirme de esos delincuentes metidos a políticos que nos dividen en comparsa o en estorbo según les conviene. De los que se valen de la democracia como parapeto para condenar la protesta y la crítica como si no supieran que éstas son precisamente la forma genuina de hacer democracia y además un deber civil.

Me cuesta abstraerme de los que dicen que eso da mala imagen al país, cuando de sobra saben que la imagen del país ya se fue al carajo cuando dos gobiernos consecutivos y un puñado de autonomías jugaron con las cifras del déficit, cuando los bancos falsearon sus balances para tapar los pufos de sus tejemanejes con la administración pública, las promotoras inmobiliarias y la financiación de partidos. Cuando, mientras en Italia su Ministra de trabajo, Elsa Fornero, rompía a llorar al pedir sacrificios a la ciudadanía, aquí un puñado de diputados desalmados vitoreaban el enésimo paquete de recortes sociales anunciado por un presidente atónito ante lo que estaba presenciando (eso quiero creer), todo ello rematado con el “quesejodan” que le viene de estirpe a una mentecata y sus cinco minutitos de gloria.

Me cuesta abstraerme de toda esta peculiar raza de representantes en el exterior que venimos padeciendo desde hace lustros, bravos hasta el ridículo en cuanto pisan Latinoamérica pero que, inexplicablemente, sufren un complejo de inferioridad pavoroso en los consejos europeos y así, gracias a ellos, nos tenemos que aguantar que un holandés nos ningunee. Son los mismos que nos venden barato a una Bruselas que no es más que un cementerio gigante de políticos venidos a menos, burócratas gagás, expertos en legislar el calibre de un pepino pero incapaces de hacer valer Europa como referencia en el mundo y cuyos dirigentes actúan sin legitimidad democrática alguna, sometidos a un banco central tan nefasto como el perro del hortelano porque ni hace ni deja hacer.

Me cuesta abstraerme de los que dicen resignados que nuestra deuda está sometida a los especuladores como si éstos fueran entes gaseosos o conspiradores en la sombra. Como si no fuese posible ponerle nombre y coto a esos “cuatro” grandes fondos bajistas que mueven ingentes cantidades de títulos, capitalizados no sólo por inversores o los “inocentes” fondos de pensiones sino también por el dinero proveniente del tráfico de drogas, de armas, la trata de blancas y el blanqueo de capitales, previa parada técnica en los  paraísos fiscales que ningún gobierno de ningún país se atreve a meter mano. Por algo será.

Me cuesta abstraerme la irresponsabilidad de los grandes titulares del desastre de los medios de comunicación nacionales e internacionales, cuya actitud durante esta crisis pasará a la historia por su dudosa independencia y su sospechosa contribución, o al menos complicidad, en la difusión del terror como base para abrir paso a una cultura en la que todo vale a cambio de un puesto de trabajo, sean las condiciones que sean.

Me cuesta olvidar esa imagen del anterior presidente del gobierno y su pomposa reunión con los treinta y siete representantes de la gran empresa con el fin de recuperar la imagen española en los mercados internacionales. Como si no supiera que estos y otros pocos, tan dados al lagrimeo fácil y a pedir mano dura, según trascendió de la reunión, representan nada menos que el 72 % de la evasión fiscal del país. Hubiera sido impagable la asistencia también de algún técnico del Ministerio de Hacienda para bajarles los humos y recordarles a la cara que no se puede pretender ser Alemania teniendo la conciencia fiscal de Tanzania.

Y mientras, en la calle, se ignora y acalla a los millones de autónomos y pymes que representan el 99% de la empresa en este país, que generan el 90% del empleo y el 62% del PIB, muchos de los cuales, ahora mismo se están jugando literalmente su patrimonio por mantenerse y evolucionar en un mercado tremendamente hostil y en continua caída libre.

Me cuesta abstraerme de los que, en su soberbia, nos desafían disparando peligrosamente a su propia línea de flotación fomentando el enfrentamiento entre colectivos que precisamente sostienen el PIB nacional: ahora los funcionarios resultan ser todos unos vagos sobrevalorados y con demasiados privilegios, los autónomos y las pymes somos todos unos explotadores, defraudadores y evasores fiscales, los asalariados unos caraduras apalancados y sin vocación y los parados... los parados mejor ni nombrarlos. Por supuesto que abundan piratas y maleantes, por supuesto que hay que acabar con la economía sumergida y el fraude fiscal, por supuesto que las pymes deben reducir su apalancamiento financiero, pero se predica con el ejemplo y si hay que hacer una criba ésta debería ser de arriba hacia abajo y no al revés. Pues de sobra saben que si los cargos políticos y empleados públicos de libre designación cobrasen acorde a su productividad y honestidad, muchos se quedarían fuera del sistema inmediatamente.

Pero lo que ya me quita el sueño es oír a los que entonan machaconamente el dichoso mantra de “es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” lo cual no más que una trampa por socializar las culpas de este desastre y así perpetuar un ecosistema por el que han campado impunes durante años.

No, no lo hemos hecho, al menos la gran mayoría: por ahora, sólo un nueve por ciento han calculado mal sus posibilidades (9% tasa de morosidad de empresas y familias a los bancos o 3% morosidad hipotecaria de las familias) y lo están pagando caro, algunos demasiado caro. Cosa que, por lo visto, no les va a ocurrir a los muchos responsables de haber malgastado el dinero público en regalías, frivolidades, representaciones, plusvalías, comisiones, compras y contratas públicas por un valor muy superior al real en el mercado y por supuesto, cómo olvidarlo, en los mamotretos arquitectónicos ahogados por sus propias derramas, imposibles de mantener y aún menos de justificar.

Como la mayoría, estoy dispuesto a contribuir y a partirme la espalda trabajando para mejorar las cosas, pero no lo creo muy pedagógico si esto fuera a cambio de nada. Esto no es un cheque en blanco, quiero contrapartidas: quiero una justicia que funcione, quiero que se depuren responsabilidades de una vez por todas, quiero eficiencia política, quiero productividad política, quiero seriedad política, pido autocontrol político. Quiero que se esfuercen en impulsar una Europa mucho más cohesionada, fuerte, justa, abierta y sometida a la participación ciudadana. Quiero que se reduzca considerablemente el lastre de su carísima burocracia y que deje de ser el paraíso de los lobbies y los mangantes transnacionales en donde se conciben y aprueban leyes a espaldas de sus conciudadanos. Quiero que el BCE deje de ser la extensión económica de un país y que su presidencia esté a salvo de faroleros de dudosa procedencia (Trichet – Escándalo del Crédit Lyonnais, Draghi - Goldman Sachs y la deuda griega). De vuelta a casa, quiero que se acabe el desprecio de las medias verdades, el silencio corporativo de la clase política que los hace a todos cómplices de los delitos de unos muchos, pido que dejen atrás las rencillas heredadas de un pasado que muchos ni siquiera han vivido, quiero que dejen de estar rezagados y se incorporen de una vez por todas al siglo XXI. Pero sobre todo pido que se nos tenga un respeto.

Ya que vamos a seguir conviviendo juntos, hagámoslo pues de la mejor forma posible.


Ane Brun - Do You Remember del álbum It all starts with One (2011) / corto "ONE" /director Magnus Renfors


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20 mayo 2012

Vas a luchar y vas a perder.



Vas-a-luchar-vas-a-perder

Hace unos años, iba yo todo pizpireto por la calle de camino a una reunión de trabajo con un cliente que pretendía poner en marcha una nueva marca comercial subsidiaria de un grupo industrial. Llevaba en la maleta las propuestas que, en líneas generales, darían forma a la nueva línea de productos, tenía treinta años y me reconciliaba con mi oficio jugándome muchos meses de trabajo a una sola carta.

Pero va y se me acerca, en un semáforo, un tipo a pedirme un cigarrillo y cuando le doy fuego, protege la llama con la mano tocando inevitablemente la mía. Luego se echa para atrás humeando y señalándome con el dedo, me planta con sorna un – Tu... tu te vas a pegar, chaval, y vas a perder - luego rompió a reír ventilando una larga ristra de dientes podridos y abismos negros.
Distraído en mis cosas, pensé un mira tú el zumbao éste, y apuré el semáforo para cruzar dejando atrás sus presagios de vinagreta - Vas a luchar y vas a perdeeeer, sé lo que me digo, polloooo... - me repetía amarrado a su carrito de cartones y dándole voz a su coral de seis perros.

Once horas más tarde, estaba yo en la cocina cortando tomates para la ensalada, mi mujer, a mis espaldas, asaba unas chuletitas de cabrito, nos íbamos a dar un festín. Todo había ido rodado, el cliente había estado exultante, las propuestas le habían entusiasmado: Harris, vamos a romper con esto, y quiero que estés conmigo, vas a ganar mucho, ya lo verás - me repetía una y otra vez eufórico perdido.

Demasiado... No sé, nunca me han salido las cosas tan fácilmente a la primera. No me puedo quejar, hago lo que quiero (o lo que puedo) pero, aún así, me da que mi peaje por esta profesión es algo caro. Vamos, que a mi estrella le falta fuelle. Así que de la alegría fui pasando a la mosca. ¿Y si me estaba siguiendo la corriente? ¿Y si no es quien cree ser y se me desinfla a mitad de la faena?

En ese instante me vino a la cabeza el incidente del semáforo - Vas a pelear y vas a perder... – me dije pensando en voz alta.

¿El pelo o los dientes? - apostilló mi mujer ensimismada con el chisporroteo de la plancha.

Diez años después recuerdo con pena a este cliente que nunca llegó a serlo, porque tras hacerme perder un año de trabajo no vi un céntimo. Resultó ser un inconsciente de esos que van ligeros por la vida porque las facturas de sus ilusiones siempre las acabamos pagando los pringados como yo. Ingenuo de mí por pensar que este perfil se daba exclusivamente en los políticos.

Pues no, el tipo era un quiero-y-no-puedo que maltrataba a sus empleados, que tomaba los beneficios empresariales por beneficios personales y al que acabaron por ningunear sus propios distribuidores y proveedores hartos de su verborrea incansable y sus aires de grandeza vendiendo milongas de un mundo de colorines. A mí me empobreció, en ambos sentidos, y mi mujer tuvo la certeza de que jamás haríamos el viaje de novios pospuesto.

Y es que me ha hecho falta paladear el vértigo de los años trabajados sin tregua, los batacazos y gatillazos de todo tipo, codo a codo con un montón de empresarios, algunos malos y otros buenos (grandes tipos, grandes recuerdos), para aprender con sangre algo tan obvio como a saber diferenciar las iniciativas empresariales de las iniciativas personales. Porque resulta que las primeras no siempre son tan genuinas como parecen, sino que a veces ocultan expectativas personales de quien las promueve y que nada tienen que ver con el beneficio marcado.

Pero aún con la duda, cómo rechazarlas. Porque, como cantaba Cristina Lliso de los Esclarecidos: se puede perder sin llegar a jugar, y eso si que es triste, si lo es. Y es por eso que tolero esta zanahoria en la frente, trasnochando en una eterna timba de póquer amañada (porque así son las cosas) peleando mis cartas, mis ojeras, mi dignidad por sacarles una mano buena, y aún con ello... me lo estoy pasando bien, rematadamente bien. A mi manera, claro.


Nobody puts baby in the Corner - Erik Truffaz Quartet.*

* Erik Truffaz es un trompetista de jazz contemporáneo nacido en Suiza, 1960. Músico bastante prolífico y con un particular estilo de improvisación, se le conoce como "el Papa del electro-jazz" por fusionar su música con elementos de hip hop, rock y música electrónica.


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