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25 septiembre 2016

Mi mesa 3.0



- Mi mesa en 1991 -

Hace un tiempo me dio por desempolvar mi viejo equipo de música. Tengo una ristra enorme de vinilos pero ya no tengo tocadiscos, también cajones repletos de casetes con carátulas ilustradas por amigos y que mis hijos codician y cedés que hace ya una década que no toco. Cogí uno al azar y resultó ser un recopilatorio de Win Mertens. Para quien no lo sepa, es un pianista belga de estilo minimalista capaz de convertir lo repetitivo en algo emocionante. A finales de los ochenta y principios de los noventa tenía mucho éxito y daba largas giras por toda España (sí, no todo son verbenas). Era la época de la música tribal, el New Age, jazz fusión... de películas de culto tan impactantes como las de Peter Greenaway "El vientre del arquitecto" o "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante"...

En España enfilábamos entusiasmados hacia la Expo 92 y las Olimpiadas de Barcelona, convencidos de que íbamos a petar el mundo y sin sospecharlo le dimos cuerda al monstruo de los grandes pufos económicos urdidos entre políticos, empresarios y constructores. Y como ya éramos globales, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria de Japón nos contagió una grave crisis económica (la del 93) con 3 devaluaciones de la peseta y un 20% de paro, que borró del mapa las antiguas grandes manufactureras de bienes de consumo y dejó agónicas las empresas de servicios de la generación de nuestros padres.

Yo rondaba los veinte y compaginaba la facultad con colaboraciones en el estudio de arquitectura de José Luis Esparza, luego en el estudio de diseño industrial de Bañó + Lax Asociados y al acabar la carrera, con el gran Eduardo Albors y las inolvidables tardes filosofando en torno a una paella de leña y cava en su terraza, con toda la extensión desde Torrent hasta el mar a nuestros pies.

Por aquél entonces los estudios de diseño aún no estaban informatizados, se trabajaba en equipo y a mano: planos, prototipos, maquetas, renders y presentaciones. Todo muy artesanal, nada de cascos mp3 y la peña mirando embebida durante horas un monitor. Había mucha tormenta de ideas, risas, cervezas, debate e inquietud no por cumplir sino por aportar. Un diseñador no era un técnico con conocimientos de autopromoción en las redes. Era un creativo transversal que buscaba su propio discurso manejando la tecnología y forzando a su favor los procesos industriales para darle, si cabe, una vuelta más de tuerca a un producto cada vez más bonito, cada vez más eficiente y cada vez más asequible.

Cada estudio tenía su estilo de funcionar, su filosofía, su idiosincrasia, pero si tenían algo en común los tres era la música como pegamento sensitivo y todos los días había dos temas que no podían faltar: "Maximizing the Audience" de Win Mertens y "Are you going with me?" de Pat Metheny. Cuando sonaban, siempre había alguien que subía el volumen y con el crescendo natural de estos dos temas el estudio entero se venía arriba. Era mítico.

Cuando empecé a trabajar por mi cuenta, a mediados de los noventa, mis mesas de estudio se fueron invadidas por aparatosos monitores de tubo, impresoras, scanner, tabletas A2... cada vez se parecía más a la sala de control de una central nuclear y al menos un 10% de mi tiempo se me escapaba peleándome con unos sistemas operativos que por aquel entonces eran bastante inestables y rudimentarios.

Poco a poco, la tecnología me ha permitido ir simplificando las cosas, reconquistando ese espacio vital en blanco, pero aún así dista mucho de esta foto que tiene tan sólo 25 años. Sueño con recuperar ese caos, pero esta vez virtual, en una enorme mesa digital y táctil donde todo esté en su memoria. Pero viendo el empeño de los fabricantes de hardware en crear tanta cuquería enana y portátil y el poco interés que le ponen en pensar a lo grande, me temo que cuando eso sea posible me pillará ya demasiado viejo.

** Valga la ironía que por aquél entonces, en la foto, estaba intentando diseñar un ratón capaz de reconocer el movimiento tridimensional.


Wim Mertens - Maximizing The Audience. (C) Les Disques Du Crépuscule, 1984.





Pat Metheny and The Metropole Orchestra - Are you going with me?. The North Sea Jazz Festival, Netherlands 2003.


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18 enero 2016

El increíble hombre menguante



increible_hombre_menguante


El increíble hombre menguante se despertó con los mismos dolores y náuseas que los que en estos últimos doscientos años le mantenían fundido en la nada un buen rato. Le seguían entonces angustiosos episodios de abatimiento en los que llegaba incluso a poner en duda la deidad de su empresa para luego encontrar paz con el compromiso de recuperar, pese a los siglos vividos, el derecho a sorprenderse y guardarse una pregunta para todo.

En cuanto logró centrar el dolor en un punto y recomponer su alma, se metió en el baño y abrió el agua caliente de la bañera de patas de león. Luego cruzó la habitación del hotel y se encaró a sus ventanales barrocos desde donde se podía ver en todo su esplendor el Englischer Garten y la periferia de recortes de colores que es Múnich en primavera. Pero no llegó a ello porque antes le asaltó a degüello la catastrófica decadencia de su propio reflejo cuyo torso se inflaba y las extremidades menguaban hasta casi dotarle de un aspecto de hombre-batracio. Observó a sus espaldas a la chica de la cama que se desperezaba y que en un movimiento de brazos armoniosamente enlazado pescaba una botella de Veuve Clicquot de la cubitera.

- No tengas pánico, todos somos orgánicos - le adivinó divertida.

Tremendamente violento por verse tan expuesto, se volvió sin levantar la vista y abrió la caja fuerte del escritorio para sacar una beretta 92fs y dos cargadores que guardó en silencio en una pequeña mochila negra.

- ¿Vas a desayunar eso? - le espetó en seco cruzando de nuevo la habitación.

- Si quieres te espero - le vaciló sugerente apuntando la botella a sus grandes senos.

Majadera, insensata, piripi, niñata, masculló fuera de sí. De sus encuentros no rezumaba más que un sexo profuso que ella usaba con tácticas de emboscada para no extinguirse y a lo que él se entregaba incondicional con tal de mantenerse alejado del puto campo de batalla en el que se había convertido.

Sentado el hombre-rana al borde de la bañera maldiciendo su condena, de pronto reparó en el mensaje invisible que ella había escrito en el espejo la noche anterior y que ahora el vapor revelaba con premeditación. Y al leerlo intuyó la devastación emocional que anidaba en ella, el desaliento de quien se sabe mortal sin tener vida. Ese desamparo mal dismulado en indiferencia le hizo un quiebro y diluyó su rabia como dos azucarillos en un mar de ternura y pesar, apuntalando la determinación ciega que necesita cada día para renovar votos y seguir haciendo lo que sea que estuviera haciendo y de lo que si tú o yo intuyéramos lo más mínimo estaríamos criando malvas para la santa eternidad.


"Une immense espérance a traversé la terre.
Une immense espérance a traversé ma peur."




Ketchy Shuby - Devil and the Gun. "Still Making It Look Easy" 2014.




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02 agosto 2015

Cena con los Culvers

Apuntes de verano II.

David-Byrne-True-Stories

True Stories es una película dirigida y protagonizada en 1986 por David Byrne, cantante del grupo americano Talking Heads.

En la película, Byrne, que viste a la usanza texana y conduce un convertible Chrysler LeBaron de color rojo, visita Virgil, una ciudad ficticia de Texas. Allí observa e interactúa con una docilidad casi infantil con sus habitantes mientras preparan la conmemoración del 150 aniversario de la fundación de la ciudad y la independencia de Texas de México.

Posiblemente, la mejor escena de la película (y que casi parece una parodia bizarra de La Última Cena) se desarrolla durante una cena en casa de los Culver en la que están presentes los dos hijos, Linda y Larry, Kay (Annie McEnroe) ama de casa que participa activamente en la organización de los eventos de la ciudad y Earl Culver (Spalding Gray), presidente de Varicorp Corporation, una prominente corporación local que manufactura equipos informáticos y que financia dichas celebraciones.

En la cena, Earl Culver, quien jamás habla directamente a su mujer, improvisa una sorprendente y fascinante predicción sobre el futuro de la Nueva Economía empleando metáforas con la comida que parece tomar vida propia para ilustrar sus puntos. Digo sorprendente porque en 1986, salvo en ciertas zonas de Estados Unidos, esto era ciencia ficción.

Ésta es una transcripción de parte de los diálogos:

- EARL CULVER: ¿Sabes? Larry puede tener un futuro en Varicorp. Con su joven disciplina y conocimientos de sistemas, podría tener un gran porvenir. Y Varicorp está creciendo como si no hubiera mañana. Déjame enseñarte lo que creo que está pasando...

- LINDA: ¿Oís música?

- DAVID BYRNE: ¿Le ocurre algo a tu hermana?

- EARL CULVER: Mainframe. Microprocesador. Semi-conductor... Bien, ésta es la ciudad y aquí está el centro de trabajo, con sus bienes y su red de distribución. Ahora, la mayoría de la gente de clase media ha trabajado para grandes corporaciones como Varicorp. O para el propio gobierno. Pero ahora, todo está cambiando. Científicos e ingenieros se están marchando de estas grandes corporaciones y están empezando a crear sus propias empresas, comercializando nuevos inventos...

- DAVID BYRNE: Disculpe, Sr. Culver. Olvidé qué representan estos pimientos...

- EARL CULVER: ¡Ahá! Todo gira de vuelta al centro. Estamos justo aquí ¡En Virgil! Nuestra forma de hacer negocios se ha basado en el pasado. Es por eso que tenemos que mantener a estos chicos en Virgil. Aún si dejan Varicorp... Por el momento ésto crea confusión ¡Y caos! ¡Ya no trabajan por dinero! O para ganarse un lugar en el cielo, lo cual fue una vez un gran factor de motivación, créeme. ¡Están trabajando e inventando cosas porque les gusta hacerlo! La economía se ha convertido en algo espiritual (debo admitir que me asusta un poco). No parecen distinguir la diferencia entre trabajar y no trabajar. ¡Todo forma parte de la vida! ¡Linda! ¡Larry! ¡Se acabó el concepto de fin de semana!



Magnífico y tierno broche final con esa representación casi nostálgica de la soledad de un tipo en su oficina a horas intespestivas.



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14 julio 2015

Cigarrillos Rothmans





Julio solía irrumpir en el ambiente con un indescriptible tufo a crema solar multi-frutas que por aquel entonces sólo los guiris la usaban masivamente. Eran tiempos de playas huérfanas, sin bandera azul, frente a las cuales los cabrones de los barcos coreanos limpiaban sus bodegas. Lenguas de arena punteadas de papeleras naranjas y en las que no había duchas, ni servicios, ni rampas de acceso, ni socorristas, cero... sólo piche en las orillas de un mar ancestral y despiadado. Y si te daba un yuyo te aguantabas rezando con todas tus fuerzas para que no apareciera un fulano en bañador turbo leopardo y gafas espejadas para hacerte un boca-boca. Pero qué más daba, por aquel entonces también nos lo pasábamos bien, nos reíamos, nos tocábamos, comíamos, bebíamos la mejor cerveza recalentada del universo y los niños correteaban desnudos y libres en la orilla, como en cualquier otra parte del mundo. El punto exótico lo aportaban la pareja de Guardias Civiles que paseaban sus uniformes prestos a llamar la atención a las inglesas que se aventurasen a liberar sus perolas al sol. Libres.

En el cielo, el toque del día lo daban los Pitts de la Rothmans Aerobatic Team que acompasaban sus piruetas suicidas al son de unos Bee Gees desgañitándose con el "Stayin' Alive" desde unos altavoces móviles en el aparcamiento. Cada poco, los biplanos soltaban lastre con balones hinchables blanquiazules o cartones de cigarrillos atados a pequeños paracaídas. Cortesía de los cigarrillos Rothmans, pibe. Casi nada. La abundancia del blanquiazul corporativo, los decibelios de los motores y la música, el sol y el tufillo a crema, sal y fuel manejaban para crear un ambiente denso, setentero, festivo, muy rollito Steve McQueen.

Hicimos el amor en el mar, allí donde no hacíamos pié. Piel con piel en una lucha sin cuartel por mantenernos a flote y no ahogarnos como pardillos parapetados entre los amarres de las barcas de pescadores, lejos de la vista de cualquiera. Salimos del agua, ella se ajustó el bikini y sentí su piel erizarse al contacto con la brisa. Exhaustos, nos tumbamos en la toalla, encendí todo machito uno de esos Rothmans y a la primera bocanada mi mente se hizo densa, convulsa, negra mientras un escalofrío recorría mi espinazo dándome placer al contraste con el sol. Eran los años 80 y nosotros apenas unos críos. No teníamos ni pasado ni futuro pero manejábamos el presente con un desparpajo animal que sólo la urgencia por vivir podría explicarlo.

Acurrucó su cabeza sobre mi hombro mientras apuraba el tiempo que nos restaba hablándome y hablándome a la oreja. Yo no le entendía nada, ni media palabra, pero asentía para que no callase jamás, para que se congelaran las horas y el mundo si hiciera falta. Qué quieres que te diga, con lo enrevesado que es, nunca me hubiera imaginado que el alemán pudiese llegar a sonar tan condenadamente sexi.


SABINA SCIUBBA - SAILORS DAUGHTER. TOUJOURS (NAIM LABEL, BAR NONE RECORDS, 2014)



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30 junio 2015

Desgaste y reacción

The Human Map. Part VI.


 The human map. Desgaste y reaccion


TODO ES RELATIVO
Hay momentos en los que la vida parece más o menos perfecta, sin embargo, hay otros momentos en los que... Pasa que todos estamos interrelacionados en algún punto y eso hace que suceda incluso lo más inesperado.


* THIS IS ME by Sam Arthur
Bertie está en coma. Su mujer le visita una vez al mes mientras que disfruta de la gran vida gracias a la indeminización cobrada por el accidente que le dejó en ese estado.






LA INOCENCIA PERDIDA
El tiempo pasa en nosotros. ¿Pero realmente evolucionamos como personas? Cada etapa en la vida, cada paso, es un viaje sin retorno que nos pide algo a cambio. Y la primera en pagar es nuestra capacidad de ver y vivir el mundo sin suspicacias, sin miedos, ni cortapisas.

La mala nueva es que el alma no sólo se moldea con nuestras experiencias sino también con los vacíos que dejan esas concesiones personales que en algún momento hemos hecho. Y eso hay que tenerlo en cuenta.


* THE FALL - Rhye - by Daniel Kragh-Jacobsen (Woman, Polydor Ltd. 2012)





RUTINA
Demasiado tiempo en el mismo sitio. Y a veces, en un segundo de flaqueza, te preguntas por qué te estás haciendo esto... Esto no es lo que te proponías cuando te mirabas al espejo con doce años.


* SHUNPO by Steven Briand





CANIBALISMO SOCIAL
A lo largo de la historia reciente, los casos de canibalismo se han dado con mucha más frecuencia que la que nos gustaría reconocer. Rituales aparte, el denominador común en la mayoría de los casos eran grupos de personas sometidos a situaciones extremas, tales como un conflicto bélico.

Sin embargo, otra forma de canibalismo mucho menos llamativa subyace latente en nuestro día a día. Un canibalismo social que florece a la sombra de la precariedad laboral. Quien quiera mantener su estatus es coaccionado y sometido a una presión tan insana e indigna que degrada la competitividad como la entendíamos en una lucha a degüello en la que cabe de todo menos la ética y humanidad. Es imperativo destruir al rival, arruinarlo psicológicamente para luego engullirlo a coste cero. Carlos Bouvier lo describe perfectamente en estos dos cortos que escribió y dirigió en 2011 y 2014 respectivamente.


* LA PECERA by Carlos Bouvier



* FLEXIBILIZARSE by Carlos Bouvier






REACTIVACIÓN
A veces, para recuperar fuerzas, no basta con cerrar los ojos y soñar o hacer un crucero a los fiordos o marcarse un T.I. en el Caribe. A veces los sentidos están tan sedados que sólo cabe someterlos a un plan de choque. Estimularlos con algo violentamente contrapuesto a lo habitual, experiencias que hagan cuestionarse las cosas. Algo incómodo, sin adulterar, desconocido, hermoso, peligroso, inquietante, agotador, liberador. Sin agendas, ni mapas ni planes. Un viaje a ninguna parte. Vitaminas para el alma.


* Watchtower of Morocco by Leonardo Dalessandri




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15 junio 2015

El día que levité.




Un día levité y no fue fácil. Todo empezó como un pasatiempo en el paseo marítimo frente a un mar gris y un cielo lloviznón. Lo resolví inclinándome progresivamente hacia un costado para desplazar mi centro de gravedad e ir reduciendo al mínimo la superficie de mi cuerpo en contacto con el suelo. Tras casi una hora peleando mi equilibrio milímetro a milímetro, alcancé un ángulo imposible a partir del cual la fuerza de gravedad se fue plegando sobre sí misma y empecé a elevarme como si mi cadera basculara sobre un eje de fuerza transversal a la línea del suelo.

Me agarré a una farola para tomar aire, asustado y eufórico perdido. Al soltarme conseguí enderezarme y mantenerme en el aire a poco más de un metro y medio del suelo. Levitaba sin control, ligero e irregular como un globo...

Me desperté sereno, sin cargas, en paz con el mundo. Aliviado por haberme liberado de una angustia más vieja que yo y que desconocía albergar.

No he vuelto a levitar en sueños, al menos de esa manera tan descriptiva. A veces, cuando he llevado mi cuerpo a situaciones límites de fatiga, en las cabezadas he experimentado vuelos supersónicos o caídas en picado tipo Juan Salvador Gaviota, zambulléndome en paisajes tremendamente realistas, ricos y hermosos que estimulaban mis cinco sentidos a mil.



Connan Mockasin - Faking Jazz Together. (Forever Dolphin Love - Phantasy Sound / Because Music 2012)

* fotografía © Aaron Siskind



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07 junio 2015

Tres cosas que tienes que hacer antes de los 25

...o no las harás nunca.


 Come Viaja y Aprende
El dichoso zampándose un bocata de panceta.

Antes de complicarte la vida como no te lo puedas imaginar, tienes que regalarte tres cosas que nadie más podrá darte. Ni tus estudios, ni tu trabajo (si lo tienes), ni tus padres, ni Erasmus, ni tus colegas... Y no te engañes con que vas a perder un tiempo precioso, quizás una fabulosa oportunidad de trabajo que puede que esté a la vuelta de la esquina. No seas membrillo, no hay nada más urgente y vital que esto.

Sal de tu área de confort, busca el hueco, carga la mochila y tira para adelante con lo que puedas, como puedas y hasta donde puedas. Tómate tu tiempo y el mundo por montera, a ver quién te quita lo bailado. El bagaje que ganes te hará más fuerte, menos influenciable, más abierto y en definitiva mucho mejor persona de lo que crees que ya eres.



VIAJA


APRENDE


Y COME




Vídeos:
Rick Mereki: Director, producer, additional camera and editing
Tim White : DOP, producer, primary editing, sound
Andrew Lees : Actor, mover, groover




** Nota: No lo pospongas. El 99% de los que se lo dejaron para más tarde, no lo harán nunca.



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05 mayo 2015

La ecuación del colibrí


bukowski-roll-the-dice

Uno de los poemas de Charles Bukowski con más recorrido en internet, Roll the dice, viene a decir que si te propones algo, ve hasta el final. Sea lo que sea y cueste lo que cueste. Siempre he creído firmemente en esto del compromiso personal (no es un invento de Bukowski, obviamente) y aunque a veces compensa, jamás sale gratis. He sido a ratos mal amigo, mal amante, mal hermano, he tenido hambre, frío y soledad. Mucha soledad. Y todas esas batallas paralelas las perdí sin culpar a nadie más que a mí. Pero es lo que mamé de pequeño en casa, crecí con ello y de alguna manera se lo he ido inculcando a mis hijos. Sin embargo, hoy me asaltan las dudas sobre si vale la pena y no sé si es por agotamiento, pérdida de confianza o son simplemente las primeras luces de una madurez tardía.

No tengo dudas de que la arenga del risitas de Bukowski le venga como anillo al dedo a los casinos para exprimir a sus jugadores premium con tendencias ludópatas, o mejor aún, a los cultos del nuevo pensamiento para repartir autoplacer atribuyendo sentido cósmico a lo que nada tiene de extraordinario. Nuevas religiones que replican viejos mantras cambiando el hábito por corbata.
Pero me temo que esa pretensión de darle trascendencia a lo que hacemos, tan sólo contribuye a calzarnos los pies de plomo o a encubrir a lo que en la mayoría de los casos no es más que una huida hacia adelante. Y ese inmovilismo, este empeño por romperse la crisma en el mismo punto "porque es lo que sé hacer", por muy digno que sea, tarde o temprano deriva en un colapso que hoy se cobra demasiadas víctimas por minuto.

No es que pase por alto el sacrificio de muchos por traernos hasta aquí, pero me vendría bien distinguir la persistencia de la tozudez. Siendo realistas, no sobrevive el más fuerte, ni siquiera el que más se esfuerza, o el que más lo intenta, sino el que mejor se adapta. La historia en sí es una relación canalla de imperios económicos o políticos que se desvanecen al cruzar ese punto de no retorno a partir del cual se les complica demasiado el mantener contacto con una realidad que transmuta mucho más rápido de lo que somos capaces de asimilar.

Podría echarle un ojo a la ruta fácil, la transversal, la del oportunismo a la caza del premio gordo. Pero también tiene su deriva. La del temor irracional y constante a perder la posición ganada y que le lleva a uno a torpedear a todo lo que se menea. Tiene que ser miserable vivir con el miedo que generan unos méritos tan frágiles.

Sospecho que no hay fracaso sino falta de adaptación. Que hoy necesite más sensibilidad y sangre fría que nunca para interpretar el tempo y saber cuándo parar, tomar distancia, marcar la vía muerta y medir cuánto de más se ha añadido al recorrido. Y si cabe, cambiar el enfoque. Aún a riesgo de exponerse al vacío si el entorno próximo todavía combate el presente con recursos del pasado.

O quizás, midiendo la relatividad de las cosas, debería soltar tensión, relajarme, tomarme las cosas con naturalidad o, mejor aún, hacerme zen y perderme en un rincón del mundo. Lo cual tampoco es que sea tan fácil. También puede que sea ya demasiado tarde, que no sea capaz de resolver esta ecuación y que siga igual de cabezón librando batallas por quimeras. Pero desde luego, a día de hoy y por muy noble que fuera la intención de Bukowski, ni borracho de optimismo aleccionaría con esto a nadie. No al menos con tanta ligereza. Sería cruel.


All the way (Roll the Dice) by Willem Martinot. Voice: Tom O'Bedlam. Music: Tony Anderson. Shot in Andalusia, Spain.




Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario, no empieces siquiera. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. Tal vez suponga perder novias, esposa, parientes, empleos y quizá la cabeza. Ve hasta el final.

Tal vez suponga no comer durante 3 o 4 días. Tal vez suponga helarte en el banco de un parque. Tal vez suponga la cárcel. Tal vez suponga la humillación, el desdén, el aislamiento. La soledad es la ventaja, todo lo demás es un modo de poner a prueba tu resistencia, tus auténticas ganas de hacerlo.

Y lo harás a pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades y será mejor que cualquier otra cosa que puedas imaginar. Si vas a intentarlo ve hasta el final. No hay sensación parecida. Estarás a solas con los dioses y las noches arderán en llamas. Hazlo, hazlo, hazlo. Hazlo. Hasta el final. Llevarás las riendas de la vida hasta la risa perfecta, es la única lucha digna que hay.


[ Roll the Dice ]
Charles Bukowski


Henry Charles Bukowski (1920 - 1994) fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Andernach, Alemania. Fuertemente influenciado por la atmósfera de su ciudad, Los Ángeles, su obra giró en torno al estilo de vida americano. Autor prolífico, con más de sesenta libros, se le considera icono del movimiento nihilista y del realismo sucio ("dirty realism").




Dido - Let's Do The Things We Normally Do. (Safe Trip Home, Sony BMG Music Entertainment 2008)



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05 abril 2015

IN MEMORIAN


Tuve que correr,
cuando la vida dijo ve.
No hubo manera de pararme.
Correr que fue volar.
Beber de un solo trago todo el mar.
Y no sació mi sed el agua.
Tuve que correr,
cuando en el viento pude oír
que igual que vine habría de marcharme.

[...]

[Tuve que correr]
Antonio Vega, Anatomía de una ola, 1998.


La intención de crear este blog, hace un montón de años, fue la de habilitar un atril desde el cual reírme o desahogarme a gritos de todo cuanto en este mundo me cabreaba. Afortunadamente no ha sido así. De la arrogancia inicial, poco a poco este montoncito de patrañas, reflexiones de a medio pelo y otros tantos calificativos se merezcan, han ido dando forma a esta bitácora personal, irregular e indiferente a las audiencias con la que quizás, por si llego a viejo y mi memoria tienda a inventarse las cosas, pueda resolver por qué fui lo que fui en su momento. Porque por ahora no lo tengo nada claro.

Por eso hoy no puedo de dejar de dedicarle cuatro líneas a Deogracias Robles Gutiérrez, gerente del Grupo industrial Robles, Rogu Iluminación, un cliente y sobre todo un amigo. Un gran tipo, tan duro y cabezón como su apellido, con una profesionalidad y experiencia impagable que, a pesar de los graves problemas de salud que le acuciaron a lo largo de su vida, no se rindió donde los demás lo hubiéramos hecho. Aún cuando, ya teniendo la fortuna hecha, podía haber mandado todo al carajo para lamerse las heridas en un retiro dorado. Creativo y motivador hasta el último aliento, pero ya muy débil, no hacía una semana que me había llamado por última vez para contarme sus ideas para los proyectos que estábamos preparando en esta nueva etapa. Y es que había sorteado tantas veces la muerte que ya no creía en ella.

Recuerdo con humor cómo lo conocí cinco años atrás. En la primera reunión que mantuvimos para negociar una colaboración, yo llegaba tan loco y quemado por mis últimas experiencias que no dudé en hacerme el harakiri soltándole que había venido por cortesía, que dejaba este oficio, que no me compensaba tanto esfuerzo, que necesitaba un cambio y prefería dedicarme a cualquier otra cosa. Cualquiera hubiera puesto tierra por medio, un diseñador desencantado no es más que una fuente de problemas. Sin embargo él debió de apreciar mi sinceridad porque durante semanas insistió ofreciéndome la suficiente estabilidad, medios y retos como para que cambiase de opinión. Luego vinieron centenares de horas en reuniones maratonianas, trabajando codo a codo, encuentros y desencuentros de los que extraigo su humanidad y su generosidad al compartir sin límites el conocimiento acumulado en cincuenta años de profesión, superando ampliamente los recelos que se suele tener a la hora de manejar información sensible con un externo a la empresa. Ahora siento que me faltó romper las distancias, darle un apretón de hombros y mucha fuerza en sus horas bajas de la quimio. Pero es igual, en su cabeza nunca cupo rendición alguna.

Y lo noté en los suyos el día de su entierro. Ese apego a la empresa, ese montón de anécdotas contadas con cariño, esa certeza de formar familia y estar dispuestos a pelear y mantener su legado y su amor por las cosas bien hechas.

Descansa en paz, estimado amigo. Fue un placer trabajar contigo.



Lambchop, Up With The People - Live at XX Merge (Merge Records, 2009) www.lambchop.net






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28 septiembre 2014

AZUL INTENSO


[...]
This world is a veil
and the face you wear
is not your own.


[Nic Pizzolatto "True Detective"]




Film & Edit by Willem Martinot

El bendito día que asumí que no sería nadie relevante en mi profesión, me quité un enorme lastre de encima. Desde entonces, en vez de andar por ahí tenso por demostrar a mis clientes lo "estupendo" que soy, pude concentrar todos mis esfuerzos en hacer mi trabajo lo mejor posible. Como un artesano minucioso.

Vale que un diseñador sin ego suena antinatural. Que es difícil no sentirse el rey del mambo cuando cuatro gerentes industriales te llaman el lunes para cuadrar sus agendas contigo. Pero también han sido demasiados los meses pasados en balde en los que aprendes que todo es relativo y que cuando estás en el lado oscuro nadie dará la cara por ti.

En contrapartida, mis neuronas, ahora alegres y despreocupadas, me han hecho propenso a no prestar atención a las fugaces luces rojas que surgen si no tienen estrecha relación con lo que hago. No me refiero a que si un cliente me va a fallar, en estos casos la experiencia me ha enseñado a verlos venir y en cada caso he entrado al trapo o no según he valorado que podría manejar la situación. Más bien hablo de esos momentos de la vida en los que la realidad se acaba mostrando irremediable como una bofetada en frío, dejándote descolocado como un imbécil preguntándote por dónde ha venido. Este es el caso que aquí voy contar y que me ocurrió durante un breve periodo de tiempo en el que tuve la oportunidad de realizar proyectos de interiorismo para el sector hotelero en Europa central.


Ocurrió que un día, anotando planos en la penumbra de un rincón de una obra, vi aparecer a contraluz la silueta de la secretaria de mi cliente para avisarme que el susodicho me esperaba fuera para ir a comer. Me sacudí el polvo como pude y salí a la luz a reunirme con él en su flamante Bentley CGT.

- No te preocupes - me dijo risueño en inglés - luego mando que lo limpien.

El almuerzo se celebraba en el reservado de un histórico y precioso restaurante modernista plantado en mitad de un parque. Compartíamos mesa con el alcalde de la ciudad, el jefe de la policía local, con quienes ya había comido en otra ocasión, y como novedad acudían también dos representantes de una constructora española. No tardé mucho en sentirme fuera de lugar en una conversación que giró en torno a una promoción con la que estos dos, indiferentes al desastre monumental que la construcción había dejado en España, venían aquí a dárselas de grandes empresarios pretendiendo especular ladrillo a costa del erario público.

El alcalde, que no era tonto, no soltaba prenda que le pudiera comprometer. Y los dos constructores, malinterpretando su silencio, creyeron causar impresión y se desbocaron a voces recitando sin pudor todas las artimañas posibles con las que puentear cualquier normativa municipal o estatal que pusiese en peligro el fabuloso negocio que aquí planteaban. Y de remate proponían unas migajas para la construcción de un parque infantil con la que tocar la fibra emocional de los vecinos. Era puro cliché, no me lo podía creer.

- Y se entiende que todos los aquí presentes están invitados a participar en la sociedad - puntualizó uno volviéndose hacia mí, seguramente pregúntandose también qué puñetas pintaba yo ahí. Distraído por la vergüenza ajena que me causaban, di un respingo y me disculpé que quizás en otro momento.

Entonces, el alcalde tomó la palabra y solicitó una buena presentación en la que se reflejase un pliego de condiciones que su oficina les haría llegar, de manera que el ayuntamiento pudiese presentar el proyecto como suyo propio. Mi cliente me señaló:

- Harris podrá prepararlo - pero de nuevo rechacé la oferta excusándome por sobrecarga de trabajo.

De vuelta al coche, parados en un stop en las afueras de la ciudad, no pude evitar de mirar sobrecogido la gran mancha de aceite y los restos de cristales rotos en la calzada que marcaban el punto exacto donde dos días antes habían acribillado con fusiles de asalto a un empresario.

- ¿Qué vas a hacer ahora? - preguntó mi cliente recuperando la marcha.

- Me gustaría acercarme a la obra.

- ¿Por qué no me acompañas a comprar ganado?

- Imposible, sabes que mañana me vuelvo a Valencia y tu gente se va a las tres. Me queda muy poco margen - contesté sorprendido por esa faceta que hasta ahora desconocía de mi cliente.

- La obra está muy avanzada, con lo que has hecho estos días es suficiente para poder acabarla. Tómate la tarde libre y acompáñame, vas a conocer gente auténtica, ya verás. Me trae recuerdos de cuando era niño.


Era una tarde gris de finales de diciembre, de truenos distantes y lluvia fina. Nos dirigíamos en silencio hacia un punto indeterminado en la montaña seguidos por un viejo Skoda en el que viajaban Carl, la mano derecha de mi cliente y encargado de su seguridad y Vasily, un ex-boxeador de la vieja Unión Soviética encargado de la obra. Era un tipo grande como un tanque pero noble y vacilón con el que había confraternizado bastante. Especialmente desde cuando lo levanté de la cama exigiéndole que llamara a toda su cuadrilla, que en 5 días teníamos una inauguración y hasta entonces se trabajaba día y noche. El tipo, con las legañas aún tiernas, había dudado si arrancarme la cabeza, pero se calmó en cuanto vio que esos días los trabajé codo a codo con ellos.

De repente el paisaje cambió abruptamente. Tuve la sensación de que habíamos cruzado la frontera, los pueblos parecían desiertos, sin gente en las calles, apenas unos coches y por doquier la maleza crecía hasta las rodillas. En las afueras de uno de estos pueblos, un grupo de chavales, rapados, flacos y ojerosos, con camisetas del Barcelona CB y metralletas de plástico en las manos nos miraron desafiantes al pasar.

- ¿Por qué nos has querido entrar en la sociedad? - me preguntó de sopetón el cliente.

- ¿Para qué me has traído a esta comida?

- No me has contestado.

- Bueno... esos son unos constructores locales que no les dio tiempo de dar el pelotazo en España y ahora vienen aquí a intentarlo de nuevo. Son unos bocazas ¿No te fijaste cómo hablaban? Parecía una parodia, la gente seria no habla así con tanta indiscreción. Me da que van de farol, que no tienen solvencia ni empresarial ni económica. Además yo no tengo pasta.

- Te la hubiera prestado. ¿Y por qué no has querido hacer la presentación del proyecto? Con el respaldo del alcalde y el mío eso era un cheque en blanco. Te estábamos haciendo un regalito.

- Gracias, me halaga el gesto, pero sinceramente dudo que esta gente me pagase.

- Deberías saber que la condición para que se celebrase esta reunión era que debían ingresar sesenta mil euros en una cuenta de un banco de aquí. Una demostración de buena fe.

- No lo sabía - dije desconcertado - Bueno, era sólo mi impresión...

- Y eso quería oír. ¿Has hablado con tu mujer sobre veniros a vivir aquí?

- Algo...

- Te lo digo en serio, te podría pasar una nómina todos los meses y facilitaros casa y coche para que os instaláseis. Puedo presentarte a mucha gente importante, también de la capital. Aquí hay mucho dinero durmiente. Prosperarías muy rápido, te lo aseguro, tienes un perfil que encaja bien. España está kaput y esto no es el paraíso, pero al menos aquí tu y tu familia tendríais un futuro.

- ¿Crees que lo que está pasando sólo es en España? - respondí un ligeramente ofendido - ¿Crees que no llegará aquí?

- Para la gente corriente puede que sí...

- Te recuerdo que el alcalde tiene elecciones el año que viene - le dije con muy mala leche.

- No seas ingenuo, esto es sólo una ciudad de provincias, aquí nunca pasa nada, nada cambia, trabajamos para eso.


Llegamos a una pedanía de unas veinte casas, el ganadero con quien negociar era un gigante de unos 70 años vestido de explorador Coronel Tapioca, con gorra y todo. Como no entendía nada del idioma, me entretuve mirando los establos. Me alertaron unos gritos y cuando me asomé pude ver al ganadero colorado como un tomate, dando voces y señalando el coche con sorna. Era evidente que el tipo nos estaba invitando a que nos marchásemos por donde habíamos venido.

- ¿Salió mal la cosa? - le pregunté una vez en el coche.

- Que va, pura pantomima. Mañana vuelve Carl y cierra la compra.

Me di cuenta que estábamos rodeados por media docena de tipos con el pinganillo bluetooh del teléfono en la oreja.

- ¿Y a estos que les pasa? ¿Operan todos en bolsa? - exclamé medio mosca.

- Ni caso, son unos fantasmas - dijo mi cliente arrancando.

De vuelta al hotel, me acerqué un momento a la obra para echarle un último vistazo por si hubiera surgido algún problema. A pesar de ser sólo las cinco de la tarde, ya era de noche cerrada y allí no quedaba un alma. Apenas unos minutos después de haber encendido el cuadro de luces, me topé con Carl en el umbral de la entrada. Tan sigiloso que tuve la sensación de que llevaba ahí un buen rato observando.

- Hoy hemos matado una vaca. Mi mujer prepara muy bien la carne y ya que mañana te vas, me preguntaba si te apetecería venir a mi casa a comer un poco.

- ¿No la habrás atropellado? - le vacilé haciendo referencia a su estilo fitipaldi para conducir.

Carl es un alemán (quizás del este) de unos cincuenta años, de cabeza extraordinariamente cuadrangular, gafas de pasta, pelo lacio, piel encendida y nariz alcohólica. De esos que parecen que lleven toda la vida alimentándose exclusivamente de salchichas y cerveza. Sin embargo es un tipo afable, discreto, se mantiene siempre en un segundo plano y tiene pasión por los vinos contundentes con deje a tierra. En alguna comida de batalla mientras buscábamos materiales, lo había visto capaz de gastarse 400 pavos en un vino para acompañar unas pizzas rancias que no costaban ni 3 euros.

En las afueras de la ciudad llegamos cerca de un grupo de casas alineadas a la carretera. Paró el coche en la cuneta, saltamos una cancela y le seguí intrigado campo a través hasta llegar a la parte posterior de la primera casa. Ahí me topé de bruces con una escena que aún hoy me persigue: temblando sobre el suelo mojado de un guardacoches, había un tipo en calzoncillos, boca abajo, empapado, calado de frío y miedo y con las manos atadas a la espalda con un alambre fino. Casi pisándole las narices con sus botas militares había tres hombres fumando y hablando entre sí. Uno de ellos giró la vista y saludó a Carl con la mano. Los otros dos no levantaron la vista, como si no existiéramos. Seguimos caminando hacia la segunda casa, Carl, al ver mi cara descompuesta intentó tranquilizarme:

- Oh, no te preocupes, no es nada, es un mal tipo, sólo lo están mojando un poco para que razone.

- ¿Y era necesario que yo lo viera? - le dije apretando los dientes para disimular mi ánimo baldado e inmediatamente me avergoncé por la hipocresía de la pregunta. Carl, sin parar la marcha, contestó medio riendo:

- Bueno, eso nunca se sabe...

Cuando llegamos a su casa, su mujer nos recibió con gran afecto, nos sentamos en el salón para comer la carne asada cortada en dados, servida deliciosamente en un cuenco y acompañada de un aguardiente seco. Sin saber cómo manejar esta situación pero violento por lo que me había sonado a amenaza, mis neuronas iban tan encabronadas que terminé por cubrirme de gloria preguntándole sin rodeos por qué le faltaba el dedo anular de su mano izquierda.

- Nuestra hija murió en un accidente de coche.

- Lo lamento... - me disculpé adivinando el resto.

Sonó su teléfono móvil, contestó y me dijo:

- Es el jefe. Tiene una cena de negocios en el restaurante del hotel y le gustaría que acudieras.

Tras dudar un momento, Carl decidió omitirme la escena del garaje y volvimos al coche caminando por la carretera. Obviamente no me quedaban ganas de preguntarle por qué puñetas dejaba el coche a medio kilómetro de su casa.

- Vais a cenar con uno de las familias que controla el gas en Argelia - me informó - Ha venido con su mujer y una asesora en inversiones.


Llegué al hotel a tiempo de darme una ducha y cambiarme. Bajé al restaurante donde todos ya habían llegado. A pesar de que el asado de cordero tocó el cielo apenas probé bocado, sólo tenía ganas de beber y beber, beberme la bodega entera del restaurante. Pero por cortesía a los invitados me contenté con una inexplicable cerveza sin alcohol. En la sobremesa, en cuanto el protocolo me lo permitió, me escapé al porche del restaurante desesperado por fumarme un cigarro.

Apenas lo había encendido, cuando oí decir a mis espaldas en francés:

- Por fin encuentro a alguien que fuma.

Me di la vuelta y me encontré al hombre de negocios argelino. Cara a cara se me parecía mucho al rey de Marruecos. Incluso en la edad.

- Veo que has optado por lo local - dijo señalando mi cigarro marca "kutrencigarretten"

- Bueno, después de tres semanas se me han agotado las reservas y no me ha quedado otra que integrarme - reí acercándole fuego.

- Eso está bien - rió dando una bocanada - He visto esta tarde tu restaurante, está quedando muy bien, enhorabuena, buen trabajo.

- Gracias, muy amable. ¿Está siendo un viaje fructífero?

- Derivados lácteos y huevos.

-¿Perdón? - me sorprendió que alguien cuyo negocio era nada menos que el gas se moviera también por perecederos.

Captó mi reacción:

- El producto da igual, compras donde sobra y lo vendes donde falta. Se trata es de mover el dinero de un lado para otro para hacerlo productivo.

- Siempre que haya demanda - puntualicé.

- No - rió - La demanda se puede generar. Todo lo que ocurre en este mundo, créeme, todo lo que ocurre tiene su patrocinador. Se trata de tocar las teclas adecuadas.

- Suena a teoría de la conspiración...

- Qué va, sólo son negocios. Aunque ciertamente la apuesta es escalable.

Y a veces se pasan de frenada, pensé mirando el cielo vacío de estrellas. El mundo en manos de unos ludópatas. Aquí fuera tronaba y hacía un frío invernal que me cortaba la cara.

El tipo apagó la colilla.

- Oye, me gustaría que conocieras a mi familia. Precisamente ahora estamos promocionando 35 apartahoteles de lujo en Argelia. Me gustaría que vinieras a verlos y me dieras tu opinión. Tengo un avión, si te parece bien, dentro un par de semanas podría ir a recogerte, visitaríamos uno de los apartahoteles, hablamos de cómo podríamos colaborar y por la tarde estarías de vuelta en Valencia. Sólo te cogería un día, te lo prometo.

- Gracias, acepto tu invitación - le dije e intercambiamos tarjetas.

- ¿Cómo es que hablas francés? - me preguntó al abrirme la puerta del restaurante.

- Soy medio inglés, medio francés.

- Ah - dijo haciendo un mohín de disgusto - pensaba que eras español.

- También lo soy - contesté y entendí que el negocio se acababa de ir al carajo dejándome en la duda de que si era por cuestiones de seguridad (las tensiones en esa zona en los últimos años eran palpables) o bien porque resultaba que el adalid de la globalización tenía prejuicios nacionalistas. Eran tiempos confusos.

Cuando por fin se acabó la sobremesa y conseguí escaparme a mi habitación, me dispuse a saquear el mini bar a cuenta del cliente. Apenas le había dado dos sorbos al mini Chivas cuando sonó el móvil. Su secretaria me esperaba abajo para llevarme a la discoteca de un pueblo cercano.

- Ya que nos vas a diseñar una, hemos pensado que deberías ver ésta porque está teniendo mucho éxito entre la gente de la ciudad.

Bajé al hall a regañadientes, profesionalidad ante todo, y la encontré acompañada de una chica de un metro ochenta tan inusualmente hermosa que me costó discernir si era real o el recorte de una revista de moda.

- Es mi prima, vive en Cerdeña, ha venido para pasar la navidad, esta noche viene con nosotros.


Al día siguiente, a las seis de la mañana, cuando bajé al hall del hotel pude ver a mi cliente hablando con Carl. Rara vez les había visto cruzar palabra, pero ahora, la forma en que se dirigían el uno al otro me sugirió la idea descabellada de que quizás tenían los papeles intercambiados y que mi cliente era sólo la parte visible, la cara bonita del negocio.

- ¿Has desayunado? - me peguntó Carl, haciendo ademán de llamar al camarero.

- No, gracias, déjalo, ya lo haré en el aeropuerto - respondí dándole la maleta al chofer. Lo cierto es que tenía ganas de desaparecer lo antes posible.

- Entonces, buen viaje - me dijo mi cliente dándome la mano - Hablamos la próxima semana.

- Sí, claro - mentí, plenamente consciente de que jamás los volvería a ver, puesto que así lo había decidido esa misma noche. Y de repente, en contra de mi principio de mantener distancia con mis clientes para evitar que las peleas pasen al terreno personal, sentí una profunda tristeza y no pude evitar darle un abrazo. Supongo que fue fruto de mi profunda gratitud y simpatía hacia alguien que durante dos años había confiado ciegamente en mi trabajo y se había esmerado mucho para que lo hiciera lo más cómodamente posible, haciéndome creer que en esta profesión tan cabrona aún es posible prosperar. Y ahora tenía el pálpito de que las cosas se le iban a torcer, como efectivamente pude comprobar varios meses después.

Recuerdo la soledad de aquella mañana, sentado en un banco del aeropuerto. Me sentía triste y vacío por esta otra etapa de mi vida que llegaba a su fin. Durante dos años había invertido mucho esfuerzo, dinero y entusiasmo, hasta el punto de desatender al resto de mis clientes y así poder focalizar toda mi atención en esta apuesta. Pero era evidente que me estaba metiendo en un berenjenal del que después me habría costado mucho salir.

No sé... corrupción, estafa, extorsión, delincuencia, crimen... son casos que a diario escuchamos o padecemos, pero casi siempre los interpretamos como incidentes aislados, independientes. Jamás había comprobado personalmente, aunque sólo fuera de refilón, la causal relación que todos tienen entre sí, dando engranaje al verdadero motor que mueve este mundo. Adivinen cuál.

Pero por encima de todo, lo que más me dolió es que se me mostrara tan fácil... tan al alcance de la mano.

Era la navidad del año 2009. El mundo entero aún se asomaba y palidecía de vértigo ante el tremendo agujero negro que unos putos tarados habían causado amparándose en un sistema sin control para el que ellos mismos habían dictado las reglas. En todas partes del planeta millones de personas estaban perdiendo su trabajo y sus ahorros abocándose muchos a una miseria que nadie se merece.
Yo me encontraba en una terminal del aeropuerto de Schwechat en Viena. A través de los ventanales podía ver caer los primeros copos de nieve en la pista provocando retrasos en los vuelos. Llevaba tres semanas fuera de casa y ahora lo único que deseaba era al menos llegar a tiempo para recoger por sorpresa a mi hijo en su último día de colegio antes de las vacaciones. Luego tocaba volver a empezar, otra vez, pero ahora sentía que algo se había roto y temía estar a punto de cruzar ese umbral a partir del cual mi vida profesional tendría más pasado que futuro.



St. Paul & The Broken Bones - Don't Mean A Thing (Live at the LC King Factory, 2013 Bristol Rhythm & Roots Reunion, Tennessee )

* St. Paul and The Broken Bones es una banda de soul formada en el año 2012 y con base en Birmingham, Alabama. De su primer disco Half the City (Single Lock Records, Febrero del 2014) se extrae esta canción.


corrupción crisis reflexiones humano


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13 diciembre 2013

Trabajo, corrupción y los Nuevos Aristócratas.

Por Joe Palmer.


El invento más revolucionario de la humanidad no fue la elaboración de utensilios, ni la cerámica, ni siquiera la agricultura. Fue el trabajo. Hasta entonces, los humanos o cazaban o padecían hambre y si tenían la barriga llena, se quedaban en casa. Luego algún listillo, posiblemente el primer político, decidió que él ya no cazaría (a no ser que fuese por placer) ni cultivaría verduras (eso ni por placer) sino que obligaría a que otro lo hiciera por él. ¡Había inventado el trabajo! Había inventado la explotación de un ser humano por otro. En vez de cazar personas y comérselas, era mucho más eficiente ponerlas a trabajar. Desde ese día, la actividad humana se ha centrado en la creación de nuevos sistemas, cada vez más eficientes, para lograr tal fin: el sistema tribal, el feudalismo, la monarquía, el capitalismo y el comunismo entre tantos otros.

Sin duda, el lector discrepará argumentando que el trabajo no es necesariamente “explotación” sino “cooperación” e incluso “especialización”: el medio que permite a una sociedad satisfacer las necesidades de sus miembros y progresar tanto socialmente como material, técnico y artísticamente. Desgraciadamente, la historia no confirma tales aseveraciones, por lo menos totalmente: los cazadores-recolectores necesitaban (y necesitan) menos tiempo y menos energía para la obtención de sus alimentos y la satisfacción de sus necesidades que lo que necesita el oficinista medio de hoy en día. Los grandes artistas que decoraban las paredes de las cuevas de Lascaux hace treinta mil años no eran especialistas venerados expuestos en el Tate y cuando muertos usados (sus obras) como refugio de capitales de dudosa proveniencia. No. Nos han tomado el pelo. El trabajo no nos ennoblece ni nos proporciona libertad, como han querido hacernos creer. Cumple esa función para aquellos pocos elegidos que precisamente no trabajan. Y así ha sido durante varios milenios: a la gente se nos ha obligado, mediante la fuerza o el engaño, a producir un excedente a cambio del dudoso privilegio de pertenecer a una compleja sociedad estratificada en la cual hemos mantenido en la opulencia y ostentación a una aristocracia y en menor medida a unas fuerzas armadas, además de un sistema jurídico y una hueste de administradores cuya tarea nunca ha sido otra que la de defender los intereses de esa aristocracia.

No pretendo decir que no necesitamos líderes, científicos, docentes, banqueros, artistas, jueces y administradores: si pretendemos vivir como humanos gregarios, sí que los necesitamos. Sólo quiero poner los puntos sobre las íes.

La tecnología es un indicador bastante acertado en cuanto al grado de “progreso” de una sociedad, ya que da una idea de la subordinación del individuo frente al sistema. Un ejemplo: cuando yo era un chaval, los gitanos venían de casa en casa vendiendo las pinzas para la ropa que elaboraban. Eran trozos de ramitas de fresno de unos doce centímetros de largo y de un dedo de gordo. Estaban hendidos a lo largo hasta la mitad donde tenían clavada una anilla de metal. Un gitano probablemente podría hacer unos diez o veinte en una hora. Hoy, las pinzas para la ropa son dos pedazos de plástico unidos por un muelle y probablemente no las toca la mano del hombre en toda su producción y distribución. No hay placer ni incentivo ni orgullo en el trabajo del operador de la factoría donde se fabrican. Si tomamos todo en consideración, quizás mil pinzas de las modernas representan una hora / hombre de trabajo. Esto lo llamamos “productividad”: evidentemente una devaluación de la actividad humana. La tecnología aumenta la productividad, devalúa el trabajo y destruye el empleo existente. El individuo se vuelve aún más dependiente y en consecuencia, pierde un pedazo más de su pequeñita parcela de libertad. La productividad (y su prima la competitividad) no tiene nada que ver con el valor añadido.

Hace poco oí de la boca de un sindicalista la expresión “la democratización del trabajo”. Esto es, naturalmente, un despropósito, una contradicción intrínseca. Lo que ocurre desde hace algún tiempo y paralelo al desarrollo de la tecnología, lento al principio, más rápido después de la Segunda Guerra Mundial y a una velocidad vertiginosa en los últimos veinte o treinta años, es la democratización de la aristocracia. Siendo los últimos miembros visibles de la aristocracia poco más que reliquias seniles y las familias reales diluidas con sangre de dudosa emprendeduría y bajo sospecha, se ha creado un vacío en la cima de la pirámide social. Y hay una carrera para apuntarse y aprovecharse, mientras se pueda, del excedente generado por el trabajador.

Pero los sindicalistas no son los únicos en usar el concepto de “democracia” de forma algo imprecisa. También he oído a un político nombrar las elecciones como “la fiesta de la democracia” y quedarse tan pancho. Hoy solemos usar esa la palabra para decir algo como “el gobierno según la voluntad del pueblo”. Sin embargo, nosotros el pueblo, nos caracterizamos por la poca disposición a expresar nuestra voluntad: poco más de la mitad de los potenciales votantes acudimos a las urnas, en gran medida porque preferimos delegar la formación de nuestras opiniones a la televisión, la prensa, los partidos y políticos que se supone que nos representan (después de todo es más bien engorroso considerar todas las implicaciones de cada plan de acción). Y éstos, aunque fueran capaces de interpretar la ingente cantidad de información que disponen, están naturalmente más interesados en ocupar y permanecer en los vacíos dejados por el colapso de la aristocracia que en usar esa información en beneficio del pueblo.

Creo que nunca ha habido una democracia en el sentido que le damos. Sencillamente porque nunca tuvo ese significado. Incluso en la Grecia clásica, “la cuna de la democracia”, era un eufemismo para “el gobierno de los que mandan”. La palabra (demos + kratia) significaba algo como el “poder del pueblo” (parece lo de “dictadura de las masas”¿verdad?) pero los que tomaban las decisiones fueron precisamente los que no trabajaban, la aristocracia – “los mejores más poderosos”, otra palabra griega compuesta – quienes vivían del excedente creado por los campesinos, mercaderes, artesanos y especialmente por sus esclavos. Bertrand Russel dijo algo así como que el absolutismo no puede existir sin servidumbre. Lo que pasa es que todo gobierno es inevitablemente y hasta cierto punto absolutista, sea Luis XV, la democracia griega, un politburó comunista, el Papa, una monarquía parlamentaria, una república constitucional … Lo que con toda probabilidad significa que tenemos que hacernos a la idea de que en una sociedad humana organizada siempre habrá algún grado de servidumbre, hoy maquillada de productividad y competitividad.

El otro día, alguien se quejó de cómo la riqueza de su comunidad había sido derrochada y malversada por los políticos y sus compinches, empresas públicas, funcionarios y administradores a todos niveles. Una pregunta relevante es ¿Acaso pretenden desangrarnos deliberadamente a todos? ¿Se han propuesto llenarse los bolsillos esquilmando de manera descarada la remuneración de los trabajadores? Creo que no. En el pasado uno era aristócrata por haber nacido en una familia aristócrata, es decir, porque tu padre lo era. Hoy te conviertes en aristócrata trepando por una escala empinada e insegura de la Administración, o preferiblemente de un partido político, hasta conseguir que te acepten y te concedan “un puesto de autoridad”. Este ascenso requiere muchísima astucia (no necesariamente inteligencia), perseverancia, una sumisión total a la ideología prevaleciente y un abnegado servilismo hacia los que están en lo más alto de la escala. Una vez arriba, como miembro de la Nueva Aristocracia, se te promocionará de cargo en cargo hasta que superes tu umbral de incompetencia donde, igual que a tus predecesores, te dejarán sin efecto, sin necesidad de tomar decisiones: éstas se tomarán en tu nombre y bajo tu responsabilidad por fuerzas invisibles e innombrables. De hecho, todo el proceso parece estar diseñado para moldear tu mente en asumir tu papel de aristócrata, uno de “los elegidos”, y te lo acabas creyendo de verdad. No hay prueba más convincente de ello que las absurdidades condescendientes proferidas (articuladas no es la palabra) por los portavoces del gobierno de turno y los partidos.

El Nuevo Aristócrata, y el Nuevo Aristócrata en ciernes, recibe un salario. Normalmente un salario bastante aceptable y una vez en un “cargo relevante”, un salario muy bueno. Recibir un salario implica que tiene un empleo pero los aristócratas no trabajan para ganar dinero. Son otros los que trabajan para mantenerlos. Así, el Nuevo Aristócrata se enfrenta a un dilema esquizofrénico que resuelve simplemente separando mentalmente el trabajo (por lo que se le paga) de lo que él ve como sus derechos como aristócrata, personificado en el cargo que ostenta.

Si por ejemplo, los ingresos del partido son mayores que los gastos del partido, la diferencia se reparte entre los Nuevos Aristócratas miembros del partido. Si tiene el poder de conceder un contrato a una empresa, no deja de ser natural que la empresa le muestre su gratitud por ello. Si los gastos de viaje se pagan, será en virtud del cargo y no por el trabajo realizado y por lo tanto, deberían pagarse aún sin cometido y/o si los miembros de la familia del Nuevo Aristócrata viajan también. Si compra barato un terreno y luego lo vende con pingües beneficios, no ha incurrido en ninguna irregularidad: el Nuevo Aristócrata (o en situaciones extremadamente delicadas, su señora) es quien ha realizado la compraventa. Como currante en el ayuntamiento, desasociado de su alter ego como dueño de la propiedad, no hizo sino su trabajo al firmar la recalificación del terreno. Etcétera.

Lo que el Nuevo Aristócrata hace en cada uno de estos casos es evidentemente apropiarse de dinero del contribuyente para su beneficio personal, evitando obviamente darlo a conocer ni pagar impuestos por ello. Para el ciudadano de a pie esto es corrupción pero para el Nuevo Aristócrata no hay nada censurable en lo que ha hecho: es su prerrogativa como aristócrata, él es uno de los “elegidos”. Nada que ver con el fontanero que pregunta “¿Con o sin IVA?” O el que solicita un subsidio al que no tiene derecho. Éstos saben que “hacen mal” mientras que el Nuevo Aristócrata, si ve algo mínimamente censurable en sus propias acciones, ese algo es que otros hayan podido atribuir esas “plusvalías” a su remuneración por su trabajo y, por lo tanto, sujetas a impuestos. Esta visión un tanto particular de las cosas explica la insistencia del Nuevo Aristócrata en sólo reconocer su culpabilidad a golpe de sentencias judiciales firmes. Además éstas tardan en producirse y siempre cabe la posibilidad de que el juez también esté trepando por una escala paralela o que haya llegado a la cima de la suya. (2)

También las instituciones nacionales e internacionales nos aportan evidencias de lo que he descrito. A determinados Nuevos Aristócratas (si poseen conocimientos en algún campo en particular se les llaman “tecnócratas”), sin tener en cuenta en lo más mínimo sus dudosas trayectorias previas, se les nombran digitalmente para cargos de relevancia en, por ejemplo, organizaciones monetarias o incluso son impuestos desde fuera como primer ministro en una nación desacreditada. Eso es, siempre y cuando sólo se trate de asuntos financieros. ¡Otra cosa son los escándalos sexuales!

Creo que queda bastante claro que a mí no me gustan los Nuevos Aristócratas y que no apruebo su corrupción. Pero no creo que sean intrínsecamente malvados, sólo son personas propensas a trepar esa escala, igual que la enseñanza o la investigación científica parecen atraer a personas de un carácter específico. En el pasado, las sociedades se han vuelto contra sus aristócratas abusivos, muchas cabezas han rodado y familias enteras se han enfrentado a los pelotones de ejecución. Pero lo que ha venido después nunca ha sido alentador.

Joe Palmer, 2013.


"Productividad"

Baraka es un film-documental dirigido por Ron Fricke en 1992.

Notas del autor:
(1) Escribí la primera versión de estas ideas en marzo de 2013 para lectores de habla inglesa. Un lector español notaría en seguida que estoy hablando de lo que ocurre en España. Sin embargo, creo que el mismo fenómeno se da en cualquier país occidental aún si no ha tenido una aristocracia en su historia o historia reciente.

(2) Todo esto se refiere, claro, a un ámbito cercano, nacional o, a lo sumo, europeo, es decir, interno.
Lo que sí sería interesante, es un estudio de la implicación de los Nuevos Aristócratas (especialmente en su faceta de gobernante) con las empresas multinacionales. El lector podría interesarse por las siglas “TPP” (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica) y “TTIP” (Zona de Libre Comercio Transatlántica) ambos tratados de libre comercio multilateral, y para redondear “ISDS” (investor-state dispute settlement) o CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones).

[ La solución de disputas entre inversores y Estados es una disposición en los tratados internacionales de comercio y los acuerdos internacionales de inversión que otorga a un inversionista el derecho de iniciar el procedimiento de solución de diferencias contra un gobierno extranjero en virtud del derecho internacional. Por ejemplo, si un inversor invierte en un país el cual es miembro de un tratado de comercio, pero luego ese país incumple o se sale de ese tratado, entonces el inversor puede demandar al gobierno de ese país por incumplimiento.

Los opositores critican que las demandas inversionistas-Estado (o la amenaza de ellas) inhiben la capacidad de los gobiernos nacionales elegidos democráticamente a la hora de implementar las reformas legislativas y sus programas y políticas relacionadas con la salud pública, la protección del medio ambiente y los derechos humanos. También argumentan que los arbitrajes se llevan a cabo en secreto por abogados comerciales que obtienen ingresos de las partes y no tienen responsabilidad ante el público ni se les requiere tener en cuenta las Constituciones Políticas de los Estados ni normas tan elementales como los Derechos Humanos, que forman parte del ius cogens internacional. Además al no haber una instancia superior a ese arbitraje las decisiones del CIADI son inapelables e irrevisables, volviéndose en obligatorias para los Estados.

Otro de los argumentos criticados radica en la capacidad procesal activa no recíproca entre el ente público (el Estado receptor de la inversión) y el ente privado (la empresa inversora): solamente las demandas pueden ser planteadas desde la empresa contra el Estado y no viceversa.

El activista de derechos digitales, Joe Karaganis, ha descrito la normativa como "la soberanía de las multinacionales". Según el periodista Glyn Moody, el término "representa el surgimiento de la multinacional como un igual ante el estado-nación". Fuente: Wikipedia ]

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08 diciembre 2013

Fuera de guión.


Me confieso espectador asiduo del programa Salvados y aunque el de la semana pasada no haya sido el más impactante (aún estoy mascando el que le dedicó a las eléctricas o al accidente del metro de Valencia), me divirtió mucho el testimonio desinhibido de Ismael Clemente, experto en la compra de activos inmobiliarios para inversores internacionales, tan alejado del discurso oficialista que desde hace seis años venimos escuchando a políticos variados y formadores de opinión de este país. Cierto que ha habido intentonas por parte de algunos pero han sido precedentes tan pobres, chabacanos o demagógicos que sólo les ha servido para hundirse aún más en la miseria intelectual en la que están sumidos.

Y como que este blog es mío, me apetece publicar la entrevista (con permiso de la Sexta) porque me parece que aún a pesar de sus luces y sombras (todas las tienen) aporta una visión cuyos secretos a voces revitalizan un debate que estaba ya en vía muerta por falta de diversidad en las ideas (me refiero en los medios). Antes quise dejar pasar unos días para ver la reacción que, salvo aplausos y abucheos por un lado, cabreo generalizado de los que viven bajo el "paralelo 40" y el desconcierto de la derecha digital tan obtusa como siempre a la hora de interpretar lo que transcurre en un programa tan "rojo y sesgado" como Salvados, no he visto nada del otro mundo. Quizás es que le doy más valor de la que tiene.

En todo caso, agradezco esa franqueza fuera de guión de Ismael Clemente y la inquietud que demuestra Jordi Évole en cada programa por ofrecer testimonios tan valiosos que contribuyen a crear una visión poliédrica del drama de este país y que en cierta manera nos regala una pausa frente al bla-bla-bla cansino y machacón de los que cobran por opinar y opinan por cobrar.

Parte I

Parte II



"En España se tergiversa el sentido de las palabras, se llama empresario al que vive del BOE". "Gente que construyen empresas enormes pero basadas en el trato con la Administración Pública”

"Es muy fácil ganar un pesebre de votos" a cambio de dejar que "todo funcione de forma fraudulenta; por economía paralela".

“Si has intentado jugar a Robin Hood y hacer vivienda pública pero con fondos provenientes, no del contribuyente sino, de financiación exterior, el financiador te acaba pidiendo su pasta de vuelta”

“Eso, por desgracia, no le hace ningún bien a la gente; que la mantengan permanente engañada y bombardeada con mensajes positivos que son más falsos que Judas”.



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26 noviembre 2013

Entropía.

Entropia

El pequeño comediante nació y creció gris, convencido de que algún día sería el suyo. Expectante por los méritos que su individualidad debía reportarle, comió lo que crecía sobre la tierra, lo que crecía bajo tierra y finalmente acabó comiéndose la propia tierra para deleite de algún gafapasta que pensó que eso tenía el potencial de ser viral.

Y así fué cómo el pequeño comediante se promocionó a trending topic mundial y se convirtió en el tipo más cool, el más twiteado, googleado, liqueado y con la inercia viajó el mundo predicando aire, encumbrado como maestro, coach, emprendedor del año, personalidad influyente, evangelizador, iniciador, gurú, profeta, mesías y a saber qué más.

El pequeño comediante se despertó en su viejo jergón de pulgas sudando la fiebre de los días de entropía para cuando la vorágine de un mundo que abrevia sin piedad ya lo había deglutido y su atención languidecía en favor de otros comepiedras.

En la pared del fondo, un mural de una fotografía aérea en blanco y negro de la ciudad de Nueva York y a su lado la negra muda de torso desnudo que, con un movimiento aprendido, le acercó su mano de ergolina con la que el pequeño comediante trazó una brecha en el aire colándose por ella hasta desaparecer, etéreo, tal como había venido.


We Are Shining - Wheel of life, 2013



Entropía
Del griego ἐντροπία, evolución o transformación. La tendencia natural de la pérdida del orden.
Entropía termodinámica, una magnitud que mide la parte de la energía que no puede utilizarse para producir un trabajo; es el grado de desorden que poseen las moléculas que integran un cuerpo.
Entropía en la información, el grado de incertidumbre que existe sobre un conjunto de datos.


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23 octubre 2013

En busca de la innovación.

Proyecto Genoma de la Innovación.

En-busca-de-la-innovacion

Según Bill O'Connor, Corporate Strategist en Autodesk y fundador del Proyecto Genoma de la Innovación, si hay alguna palabra que suscite un gran interés en todo el mundo y en todos los sectores esa es innovación.

Desde CEOs, periodistas, gurús tecnológicos, coachs, académicos a ejecutivos, directivos, emprendedores o líderes mundiales como Obama y Hu Jintao, sin olvidar todo ese público efervescente que asiste insaciable a las conferencias que sobre este tema se celebran a lo ancho y largo de este planeta.

Hoy en día existen miles de talleres, libros, artículos, blogs, podcasts y tweets dedicados a ello, con tanta actividad cabría pensar que somos muy buenos innovando. Pero no es así.

Lo único cierto sobre la innovación es que es mucho más fácil hablar de ella que llevarla a cabo.

Y es que hay tantas metáforas entrelazadas con las que jugar, tantos modelos, paradigmas y términos en boga que uno puede pasar un estupendo y largo rato disertando sobre cosas que, siendo honestos, podríamos denominar IPNU (Interesante Pero No Útil). De hecho O'Connor opina que actualmente entre el 80% y el 90% del material relativo a la innovación podría calificarse de IPNU.

Para colmo está esa moda casi obsesiva por el voyeurismo creativo. Leer sobre las vidas y milagros de personajes innovadores como Steve Jobs, Richard Branson, Jeff Bezos, e incluso Benjamin Franklin y Thomas Edison, puede ser muy entretenido e instructivo, pero nos relega a un segundo plano en el que somos meros espectadores pasivos, centrando toda nuestra atención en lo que han hecho otros y no en lo que uno, por sí mismo, podría hacer. Para no perder la perspectiva, sería bueno marcar distancias con un filtro en el que nos preguntásemos a nosotros mismos: “Vale, si, pero... ¿Cómo puedo aprovechar yo eso?”

La intención del Proyecto Genoma de la Innovación es sortear todas esas distracciones, profundizar más allá de las anécdotas irrelevantes y vaguedades que dominan gran parte de la literatura contemporánea sobre la innovación, y centrarse en los hechos reales para capturar y descifrar los modelos de pensamiento que los grandes innovadores han creado y aplicado en su propio trabajo. Se trata de pasar a la acción y ver lo que podemos aprender y utilizar, nosotros mismos, aquí y ahora, en nuestro día a día.

Para ello, dicho proyecto tiene como tarea estudiar una muestra de 1.000 innovaciones que hayan marcado nuestra historia, con el fin de detectar patrones comunes en la base de todas ellas que permitan crear herramientas prácticas y útiles para innovar en nuestro entorno actual.

Revisadas apenas las 100 primeras ideas, el equipo del proyecto ha descubierto un patrón simple, pero con un gran potencial: cada idea estudiada tenía en su epicentro una serie de "Preguntas clave para innovar" que fueron las que impulsaron la inquietud conceptual necesaria para dar pie a esa innovación.

Éstas son las siete preguntas aparecieron en el 40-60% de las innovaciones investigadas, y a menudo aparecían más o menos en este orden.
¿Qué podríamos imaginar?
¿Qué podríamos mirar de una forma diferente?
¿Qué podríamos utilizar de un modo diferente, o por primera vez?
¿Qué podríamos trasladar a un nuevo contexto, ya sea en el tiempo o en el espacio?
¿Qué podríamos conectar de un modo nuevo, o inesperado?
¿Qué podríamos cambiar, en términos de diseño o rendimiento?
¿Qué podríamos crear que sea realmente nuevo?

Preguntas-Proyecto-Genoma-Innovación

Menos cuento y más acción.

Una forma fácil de empezar es eligiendo algo en lo que estés trabajando en este momento y que creas que podrías aportarle un nuevo valor. Ten en cuenta que innovar no implica necesariamente inventar algo nuevo, también puede ser renovar, mejorar, perfeccionar o reformar un producto o servicio que ya existe.

Escribe ese "algo" que va a ser objeto de la innovación en medio de una pizarra, una hoja de papel o en la parte superior de un documento de texto.

Formula en el orden indicado las siete preguntas para innovar.

Realiza una lluvia de ideas (brainstorming) para dar respuesta a cada una de esas preguntas.

Analiza, prioriza y planifica acciones con las ideas más prometedoras.

El resultado de este tipo de brainstorming estructurado será un flujo de lo que llamamos "ideas innovadoras" que no son innovaciones por sí mismas, sino la simiente para generar innovaciones tangibles. Y el uso de las siete preguntas es una forma de asegurarnos que estas ideas puedan tener un valor potencial.

A partir de ahí, se tratará, que no es poco, de conseguir el suficiente conocimiento, experiencia y medios (nosotros mismos, otras personas o compañías, dependiendo del contexto en el que nos movamos) para transformar esas ideas en productos reales, servicios o experiencias.

Para O'Connor, el Proyecto Genoma de la Innovación es una herramienta estratégica que nos puede ayudar en nuestro trabajo diario a pasar del inmovilismo abstracto a la innovación efectiva y convertirla en una acción estimulante que nos brinde la capacidad de generar el mayor impacto positivo posible en un mundo ávido por aprovechar toda la innovación que le llega.

Bill O'Connor - The Innovation of Innovation. Directed by Jason Headley

* Nota. Esta es una traducción e interpretación personal sobre el artículo "The Innovation Genome Project" por Bill O'Connor.


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01 julio 2013

De educación y creatividad.


Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho».


[Saber sin estudiar]
Nicolás Fernández de Moratín,1737 - 1780



Unas navidades, le pedí a mi hijo una felicitación para sus primos de Tenerife y a los diez minutos se me presentó con esto:

Dibujo felicitación navidad

Miré seis palmos abajo al piltrafilla que entonces tenía unos cinco años y le espeté con desesperación:

  - Pero bueno ¿A ti te parece esto una tarjeta de Navidad? ¿Qué hacen estos dos aquí? ¿ Dónde está el niño Jesús, María y José, las ovejas, el burro, o un Papá Noel, la nieve, un trineo o unos renos al menos...?

  - Papá Noel vino al colegio a traernos regalos
- me interrumpió - pero para mí que es un poco falso porque se le despegaba un poco la barba. Además, en Tenerife no hace frío, para qué les voy a pintar un trineo...

Y sin darme derecho a réplica, dio por acabada la conversación propinándome una patada en las espinillas y desapareciendo en su cuarto muerto de risa. Cómo se parece a su madre, suspiré.
Justo la semana anterior le había dado por dibujar una serie de 20 esbozos de parejas desnudas que luego colgó en las paredes de su cuarto y nos invitó orgulloso a su madre y a mí a la "exposisión".

Mi mujer, muy pensativa, me susurró al oído:

  - Igual nos tendríamos que recatar un poco...

  - ¡Qué dices! ¿No ves que esos no somos nosotros? Yo no tengo esa barriga
- repliqué un pelín mosca.

Guardo aquella felicitación, las parejas desnudas y otros muchos dibujos como oro en paño. No son nada excepcionales, dibujaba igual que cualquier niño de su edad, pero me fascina la riqueza viva de sus temas, la valentía con la que con cuatro trazos impregnaba de movimiento a monstruos, caballos a galope, dinosaurios, animales híbridos, roqueros, pasillos de supermercado, lámparas... Dibujaba lo que le venía en gana, sin achantarse, de un tirón y sin usar la goma.

"Pintar como los pintores del renacimiento, me llevó unos años, pintar como los niños me llevó toda la vida" - dicen que dijo Picaso y ahora capto la idea. Me costó darme cuenta de que el desparpajo de mi hijo se debía a que nadie le corregía. Su corta edad lo situaba en un envidiable estado de gracia donde no había reglas ni cánones con los que medirse, él daba por bueno lo que hacía y dibujaba lo que le pedía el cuerpo.

Pero un día, en un ejercicio de clase se llevará una bronca y un cero patatero porque en su intento de dar vida a la naturaleza muerta de un bodegón, les plantará un peluquín a la pera y panderetas a las mandarinas. Puede que ese día su cerebro haga un clic y descubra que errar no sale gratis. Con el tiempo y tras muchos toques de atención, hará sólo lo que se le valore positivamente (¿productividad, Sr. Palmer?) Y así le pasará con todo, cogerá miedo a exponerse, se hará remolón y pragmático. Se homogenizará y aprenderá, en definitiva, a no ir de por libre no vaya a ser un pela-papas como su padre.

Ahora que tiene ocho años, pinta una y otra vez familias cogidas de la mano frente a una casa insípida que no reconozco. La única licencia que se permite, es su nueva hermanita que orbita flotante cual satélite, a lo largo y ancho del papel según el humor con que le pille el día.


The Avalanches - 'Frontier Psychiatrist'

"Todos los niños nacen artistas. El problema es cómo seguir siendo artistas al crecer." - dijo Picaso, que más o menos viene a ser lo mismo que lo anterior pero queda muy ilustre calzar argumentos con citas. Y es que se puede errar por dos razones muy diferentes, por falta de atención e interés o bien por haber buscado la solución por una vía diferente. Pero entiendo que penalizar ambas sistemáticamente, sin diferenciar, supone minar la iniciativa propia y la voluntad de asumir riesgos.

Entiendo que la enseñanza necesita el establecimiento de unas bases sobre las que desarrollarse. Pero cuánto de lo que aprendimos en la escuela ha quedado en entredicho con el tiempo. Me inquieta pensar en qué porcentaje de nuestra evolución cultural, científica o tecnológica está fundamentada en intereses, o peor aún, en meras hipótesis a veces imprecisas y sólo verificables a medida que avanza la técnica. Gasolina o agrocombustibles, corriente continua o corriente alterna, red eléctrica o transferencia inalámbrica, escuela de Chicago o escuela austríaca, industria o servicios... en cada momento de nuestra historia hemos tenido que decantarnos por un camino para poder focalizar así nuestros esfuerzos y recursos, pero la pregunta es quién lo han determinado y en interés de qué.

Cuántas veces la urgencia de algunos nos ha llevado a optar por la vía rápida en detrimento de otras alternativas más sostenibles a largo plazo, llegando a un punto, en el que intentar corregir la distorsión generada, resulta especialmente traumático para las clases medias y trabajadoras, que son a las que "casualmente" siempre les toca pagar las facturas. Hay que entender que nuestros dirigentes necesitarán, para cuando la política los retire, ese puesto ejecutivo en los consejos de administración que las grandes empresas acostumbran prometer.

Visto esto, no es de extrañar oír quien lamenta que la economía ha sustituido a la política. El antropólogo Marvin Harris argumentaría que eso ha sido siempre así y en todas las culturas, pienso yo que la diferencia es que antes era economía local sobre política local y ahora es economía global sobre política local.

Y con esta globalización bien asentada, ahora que los ingredientes de la paella de marisco de mi suegra provienen de cinco continentes, ahora que un tipo de Sarátov (que jamás ha salido de su barrio) le puede estar saqueando las cuentas bancarias a otro tipo en Torrelodones (que tampoco ha salido de su barrio), ahora que la carne de la lasaña congelada que se come éste, proviene de caballos engordados en Ucrania, sacrificados en Rumanía, mercadeados en Lituania como carne de vaca, procesada en Bélgica y envasada en Francia, ahora que un tipo puede especular con el precio del abastecimiento mundial del arroz para el próximo año gracias a un mercado en el que hay un millón de veces más dinero electrónico que el real, ahora que internet nos basta para enteramos de todo y de nada: no faltan voces que avisan que el sistema educativo se ha quedado obsoleto y que en sus reformas hace falta replantear métodos y contenidos más allá de los ideológicos o religiosos. Nuestros hábitos han cambiado, la economía ha cambiado, la tecnología ha evolucionado vertiginosamente, las cualidades exigidas para liderar una empresa están cambiando radicalmente ¿Por qué la educación no?

En 1984 la fundación Sampling estrenaba TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) invitando a pensadores y profesionales de estos tres sectores a participar en una serie de conferencias anuales sobre "las ideas que valen la pena difundir". Desde entonces el espectro de los temas se ha ido ampliando y en el año 2006 se lanzó la plataforma de videos en internet TEDTalks que se estrenó con una de las conferencias más legendarias y aclamadas "Las escuelas matan la creatividad" por Sir Ken Robinson.

Sir Ken Robinson (Liverpool, 1950) es un educador, escritor y conferenciante británico, experto en temas relacionados con la calidad de la enseñanza, la creatividad, la innovación y los recursos humanos. Ha trabajado para la Comisión Europea, para los gobiernos de Hong Kong y Singapur y para el Ministerio de Educación y Empleo británico donde dirigió el Comité Consultivo Nacional sobre Educación Creativa y Cultura. Fruto de ello es el famoso Informe Robinson (All Our Futures: Creativity, Culture, and Education) que pone en relieve el escaso papel que hasta entonces había recibido la creatividad y la importancia que sobre ella recaía el futuro, ya no sólo del país, sino de la propia humanidad.

En resumen, Robinson propone pasar de escuelas estandarizadas al aprendizaje personalizado para crear unas condiciones favorables en las que pueda florecer el talento natural de los niños.


La RSA, Real Sociedad para el fomento de las Artes, Manufacturas y Comercio (Royal Society for the Encouragement of Arts, Manufactures and Commerce) es una institución multidisciplinar británica fundada en 1754 y cuya base está en Londres. Han sido miembros notables Benjamin Franklin, Adam Smith, William Hogarth, John Diefenbaker, Stephen Hawking y Charles Dickens.

Esta sociedad se ha caracterizado por promover nuevas formas de pensar con las que desafiar el statu quo y tratar de cambiar al mundo en su entorno. En su carta fundacional expresa el propósito de "apoyar y fomentar la empresa, ampliar la ciencia, refinar el arte, mejorar nuestras manufacturas y extender nuestro comercio" y con ello también aliviar la pobreza y asegurar el pleno empleo.

En la actualidad, el mensaje de la RSA gira en torno a la cuestión de si podemos seguir así tal como estamos. Si son las ideas y los valores que transformaron el mundo en los dos últimos siglos suficientes para encontrar soluciones a los desafíos con que nos enfrentamos actualmente o, por lo contrario, necesitamos nuevas formas de pensar.

Para divulgar mejor este debate, en 2010 crearon RSA Animate, 18 vídeos con un formato de 10 minutos de animaciones dibujadas a mano (scribing) por Andrew Park y Cognitive Media, en los que se recogen los principales puntos de las charlas ofrecidas por sus miembros e invitados.
Ésta es la adaptación del discurso que dio Sir Ken Robinson en la sede de la RSA en enero de 2010 con motivo del premio Benjamin Franklin que dicha sociedad le otorgó.

Sir Ken Robinson - 'Cambiando Paradigmas' (subtítulos)
(Ver la charla completa aquí: www.thersa.org/events/video/archive/sir-ken-robinson)

Un día, mi hijo dibujó un sol rodeado de peces y a mi pregunta me contestó que cómo era posible que a mi edad, no me hubiese fijado que el sol sale todas las mañanas del mar.
La creatividad no es una cualidad exclusiva del arte, es medio valioso para resolver cualquier reto, una solución ingeniosa es una solución creativa y vamos a necesitar cultivar mucho ese don innato en nosotros para poder curar el estreñimiento crónico que padece nuestro sistema.




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